Catherine Fulop: “La fotografía es la memoria de la vida”

Publicada el día: 26 marzo, 2013

Texto Martina Prieto. Texto Fabián Uset.

La actriz venezolana más famosa entre los argentinos y una de las más queridas por estos lares, lleva sus pasos por el mundo de la fotografía,un universo que heredó de su familia natal. Mientras,seguirá dando que hablar cuando se prendan las luces dela pantalla y la muestren a ella: divina, espléndida y súper proactiva como siempre.



 

Desde chica, Catherine Fulop (47) ya tenía su propia cámara de fotos.La llevaba a todos lados y captaba instantáneas, en una época en la que pocos poseían una y el digital era ciencia ficción.Fue un regalo de su padre,Jorge, un aficionado a la fotografía y a las filmaciones, especialmente las que hacía de sus hijos. Catherine y sus seis hermanos –seis mujeres y un varón que viven, todos menos Catherine, entre Venezuela y Estados Unidos– y que luego veían desparramadas en algún sillón hogareño un domingo cualquiera. “Yo tengo todas esas imágenes en mi cabeza,y de hecho en mi casa natal mi madre guarda con recelo una habitación repleta de fotos de nuestra infancia”, comparte Catherine, con ese acento venezolano que insiste en persistir. Jorge Fulop murió en 2008,de un cáncer, en la habitación de una clínica de Caracas. Pero antes, para darle fuerza emocional,sus nietas le hicieron un mural fotográfico con fotos familiares y lo colgaron cerca de su cama para que cada una de las visitas dejara un mensaje. Retazos de su vida en los que ahora la actriz y conductora Catherine Amanda Fulop vuelve a pensar. Tal vez porque hace unos años se animó a hacer una apuesta “en serio” a la fotografía.

 

Novedades en pantalla

Casada con Osvaldo Sabatini hace 18 años y madre de dos adolescentes, Oriana (16) yTiziana (13), quiso retomar esa curiosidad heredada, empezar a estudiar y mostrar su faceta menos conocida. Por supuesto,sin dejar de lado el resto de sus aficiones. Acaba de volver de México, tras grabar un demo para una nueva telenovela que todavía no tiene canal definido,pero que ya despertó suspicacias. Es que tendría como protagonista a Catherine y a su ex marido,el actor venezolano Fernando Carrillo, con el que la ex conductora de Quién quiere casarse con mi hijo estuvo casada durante cuatro años. Pero aunque habrá escenas que reeditarán la química que la pareja mostró en Abigail –la recordada novela venezolana en la que se inició el romance con Carrillo allá por 1998– y no faltarán los besos típicos del género,los padres de Tiziana y Oriana lo llevan con tanta solvencia afectiva que hasta Ova es el productor.“Cuando nos hicieron la propuesta nos cerró, como un buen negocio y como un lindo proyecto. Fue un reencuentro con gente muy querida y con mucho talento;y además está bueno un cambio en mi vida. Porque a veces uno se instala en la comodidad de lo conocido, pero es interesante decir ‘a ver que pasa’…”,asegura y espanta fantasías. “Es cierto que este proyecto me expone con una persona con la que viví cosas muy fuertes. Pero yo creo que el tiempo locura todo y todo pasa. A lo mejor no voy a ser amiga íntima de él. Fuimos una pareja importante en la televisión y creo que por inmadurez nos casamos. Ypor suerte Ova no entra en el juego. Yo creo que a veces él piensa un poco,‘¿qué pensará la gente?’, pero al final termina pensando como yo, ‘el problema es de la gente’.

–De todas formas, tu parejaes una de las más consolidadasdel ambiente…

–Sí, y te diría que estas cosas también nos renuevan como pareja. Además, me sigue pasando que cuando lo veo a Ova digo‘¡qué bello es mi marido!’. Es el hombre de mi vida, después de mi padre, es el hombre más importante de mi vida.

 

Mi Yo en tres D

Catherine tiene más de veinticinco años de trayectoria adelante de las cámaras: fue modelo, pasó por la actuación (en televisión,cine y teatro), se enfocó en la conducción y se lució en Bailando por un sueño. Pero cada vez que puede se cuela del otro lado delas luces. Participa de proyectos solidarios a través de la fotografía,ese nuevo amor “obsesivo y entusiasta” que la llevó a estudiar con Julieta Escardó y en el taller de la artista plástica Lucrecia Urbano, Zona Imaginaria. En San Fernando, cerca de la casa de Catherine y donde se hicieron las fotos de esta nota.En 2011 presentó su primer proyecto fotográfico: el calendario para Fundaleu; en noviembre de 2012 expuso sus fotos en Espacio Mujer y antes fue la fotógrafa dela Fundación Flexer. Iniciativas que para Catherine fueron parte del saldo positivo de un 2012 que no fue tan bueno en el resto de sus facetas. “Fue una etapa –asegura- de mucho ruido y pocas nueces”.

Grabó durante seis meses un programa de televisión sobre historias de vida y adversidad que nunca salió al aire y Quién quiere casarse con mi hijo (Telefe), esa especie de reality en el que un hombre y su madre elegían a la mujer ideal entre las candidatas no fue bien recibido. El programa colocaba a la mujer, se dijo, en el papel de objeto y repelaba por su machismo. “Yo creo que se malentendió. La idea –comparte ella- era que pudiera leerse como una situación extraordinaria: un juego que planteaba qué pasaría en una situación hipotética en la que un hombre busca a su mujer con su madre presente. Yo vi los capítulos españoles y me reí mucho, por eso dije que sí. Porque era lo que necesitaba en ese momento”.

–Y lo combinaste con la fotografía.Hablemos de eso,¿qué disfrutás retratar?

–Te diría que la vida, porque la fotografía es un poco eso: es la memoria de la vida. Me gusta mostrar aquellas cosas insólitas oinusuales; retratar la vida en su excepcionalidad y complejidad.Incluso he sacado fotos de mis hijas enfermas o con alguna cicatriz.Lo que no quiere decir queme guste mostrar el dolor.También disfruto de retratar mujeres, y mostrarlas lindas pero sin mucho retoque posterior. Yo me daba cuenta que cuando me hacían fotos no me iluminaban porque confiaban en el photoshop,y después cuando me veía en las revistas me quería matar. Mi cara ya no soporta cualquier lente y por eso me volví súper preguntona en las producciones.

–¿No te gustás cuando te vesen las fotos?

–Depende. Yo estoy bárbara y me siento divina pero sé que la fotografía no capta exactamente lo que la mirada ve porque congela el momento. Obviamenteme sigo cuidando porque yo trabajo con mi imagen. Pero ahora estoy más relajada porque voy pasando etapas.

–¿Un gran cambio estar del otro lado, no?

–Sí, pero de alguna manera me siento muy segura, en mi salsa.Me encanta además armar escenas y ubicar las luces.

–¿Tus hijas te “piden” prestada” la cámara? 

–Oriana toma muchas fotos, de hecho mi primera cámara se la regalé a ella y Titi –Tiziana– también lo intenta. Me fascina ver cómo ellas se relacionan tanto con la tecnología. Ellas toman fotos con espontaneidad. En cambio, una va más temerosa.

–¿Cuál es tu balance final?

–Por un lado, es cierto que trabajé muchísimo y que los frutos no se vieron. Por suerte, mi vida pasa por otro lado: porque tengo una buena autoestima y trayectoria. Me doy cuenta de que a medida que pasan los años los productores no saben dónde ubicarte.Estás linda pero grande, no tanto como para ser la madre ni tan joven para ser la damita de la telenovela. Pero no lo digo desde la queja ni estoy deprimida. Son todas piedritas que voy teniendo en el camino, pero que voy pasando de a poco. A veces sí me pone un poco triste, pero yo agarro y sigo adelante.

 

Artistas solidarios

La periodista especializada en moda Ana Torrejón, el chef Martiniano Molina, el actor y director Pepe Cibrián, los artistas plásticos Eduardo Pla y Amalia Amoedo, y el dibujante Nik –entre otros– fueron fotografiados por Catherine Fulop, junto a su objeto mobiliario, intervenido y convertido en una pieza de arte única. En una iniciativa solidaria de la Fundación Flexer (organización de ayuda a niños con cáncer) y la firma Fontenla, el objetivo, que empezó a cumplirse en una noche de gala que se llevó a cabo e lpasado jueves 25 de octubre, fue que los muebles,después de ser intervenidos por estas destacadas personalidades de la cultura, fueran subastados a favor de la Fundación. Así, a Nik se lo pudo ver junto a un sillón de los años ʻ50 con la cara de Gaturro; el chef Martiniano Molina llenó el suyo de manos de colores; Eduardo Plaoptó por una mesa moderna, en la que reflejó la tendencia en Italia y volvió a mostrar sus tradicional esesferas; Amalia Amoedo, en cambio,seleccionó una mesa de estilo inglés, la pintó en dorado, y en el centro escribió la frase “Creer en uno”. Del otro lado, Catherine inmortalizó el trabajo de los artistas. “Fueron tres semanas realmente intensas, de edición y retoque de las fotos. Trabajé muchísimo… ¡pero es que lo disfruto tanto!”, comparte entusiasmada.