María Laura D´Aloisio: alimentar el alma

Publicada el día: 1 marzo, 2013

Especial Día de la Mujer / Chef profesional, dueña de Florencio Bistro & Patisserie, desde hace años se destaca como conductora de programas de Utilísima. En la actualidad, conduce La pastelería.



 

Su carrera comenzó a los 17, cuando conoció en una feria a Dolli Irigoyen. Se le acercó y le pidió trabajo: “De lo que sea”, le dijo. Ante tal determinación, Dolli no se pudo negar. Luego de 4 años, y pese a que sus padres aún no estaban de acuerdo, se graduó en el Ott College en Administración Hotelera y Gastronómica. Más tarde, viajó a Europa. El plan inicial era quedarse 3 meses; se quedó 11: trabajó en Francia –en Cordon Bleu se especializó en Pastelería y Chocolates–, en Inglaterra, España e Italia y, aunque siempre supo que por ser mujer iba a tener que pelear con fuerza para hacerse un lugar en la cocina, nunca se desanimó.

De regreso en la Argentina, recibió varias propuestas, pero una sola llamó su atención: Green Bamboo, un bar restó vietnamita comandado por nativos y quele exigió perfeccionarse en la embajada de Vietnam.

En 2003 cumplió un sueño: abrió su propio bistró, que lleva el nombre de Florencio, el mismo de su bisabuelo materno, al que no conoció, pero al que aprendió a amar gracias a su madre. Cuando Alan Faena fue a comer allí –a los seis meses de su inauguración–, no lo dudó: quería que su nuevo hotel en Puerto Madero tuviese un restaurante como ese. Entonces, María Laura se convirtió en la chef manager de El Mercado y en la encargada del room-service. Para esa época ya había llegado a la televisión –por un casting a los 22 años- y no se fue más: hoy conduce La pastelería en Utilísima. Hoy dice con entusiasmo: “Me sorprendo día a día de todo lo que aprendo y de los lugares a los que llego con mis recetas”.

–¿Qué cualidades debe tener una mujer para entrar en el mundo de la gastronomía?

– Para mí es clave tener claras las metas, buena formación y también visión. Además de perfeccionarme afuera, estudié con los mejores, entre ellos Dolli y Francis Malman. Y nadie me allanó el camino, tuve que hacer de todo, desde levantar una bolsa de 25 kilos de harina hasta pelar un cajón de manzanas.

–¿Qué inspira tu pasión por lo que hacés?

-El amor profundo por mi profesión. La primera vez que cociné fue a los 7 años; era una tarta de puerros, arvejas y jamón que hacía mi madre, una delicia. Yo le dije: “Mamá contame cómo se hace y yo después te llamo para prender el horno”. Y así fue.

–¿Tuviste momentos difíciles en tu carrera?

–Tuve muchos. Hace más de 20 años el lugar que tenían las mujeres en esta profesión no era el de hoy. Me pasaban cosas como terminar de cocinar 20 huevos poché y que me los tiraran; o terminar unas salsa, ir al baño y que me vaciaran medio tarro de pimienta adentro. Los superé insistiendo, levantándome una y otra vez.

–¿Cuál es la parte de tu trabajo que te da mayor placer?

–Disfruto mucho al darme cuenta que lo que a mí me gusta, por ejemplo algún plato nuevo o una torta nunca hecha antes o una sorpresiva combinación de ingredientes, le gusta a muchísima gente más.

¿Qué consejos darías a los jóvenes que quieren empezar en esto?

–Les diría que escuchen lo que sienten en el corazón, que se capaciten siempre y que le pongan mucha pasión a todo lo que hagan.

–¿Qué es lo que se viene en la gastronomía?

–La próxima tendencia es volver a las fuentes: empezar a comer más sano y a darle de comer ya no solamente a la panza, sino también al alma.

 

SABORES PERSONALES

Una persona clave: mis padres.

Una palabra: amor.

Un color: rosa.

Un aroma: pan recién horneado.

Un sabor: dulce de leche.

Una textura: crocante.

Un sonido: rock.

Un sueño: manejar un auto de Fórmula 1.

Un lugar: Nueva York.

Una cualidad: la generosidad.

 

 

Texto:  Paula Bistagnino.
Fotos:  Gentileza María Laura D’Aloisio. Omar Panosetti (Collage).