Valeria del Puerto: por un mundo sustentable

Publicada el día: 15 marzo, 2013

Texto Paula Bistagnino. Texto gentileza Valeria del Puerto y Omar Panosetti (Collage).

Arquitecta, socia del Estudio Del Puerto Sardin, ganó el Primer Premio en el Pabellón del Bicentenario para la Ciudad de Buenos Aires.



 

Desde muy chica le llamaron la atención los modos en que la gente vive, la dinámica y la organización de los espacios. Fue entonces que comenzó a sospechar que sería arquitecta. Lo que en ese momento no imaginaba era que su inquietud la llevaría a construir dos edificios ¡en Mongolia! La vocación intuida en la infancia se convirtió en pasión en la adolescencia y en profesión en la juventud: se recibió de arquitecta en la Universidad de Buenos Aires y allí, cursando los últimos años, conoció a su socio actual, Horacio Sardin, a fines de 1988. Ella ya era ayudante en el Taller del reconocido Miguel Ángel Roca, su gran maestro. Trabajó en varios estudios hasta que en 2001 armó Del Puerto-Sardin Arquitectos. Entre otras obras, su concepto ecológico se puede ver en el premiado Complejo Artístico-Cultural para la Universidad de San Juan, un proyecto con techos cubiertos de parras; en el plan sustentable de vivienda para el Parque de la Ciudad; en los hoteles Suipacha, Vistasol Buenos Aires y  Calafate; y en diversos edificios y casas de Buenos Aires. Valeria es, además, prosecretaria de la Sociedad Central de Arquitectos, presidente de la Subcomisión de Cultura de la Sociedad Central de Arquitectos y miembro de la Comisión de Ética del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo. También ganó el Primer Premio en el Pabellón del Bicentenario para la Ciudad de Buenos Aires. “La arquitectura debe hacer un aporte a la situación medioambiental y a los desajustes económicos, respetar las diferencias culturales y sumar vegetación”, dice Valeria, que además de poner verde en cada una de sus obras, dedica mucho tiempo a las plantas de su casa y,  entre sus planes preferidos fuera del trabajo, elige ir al vivero a comprar tierra, semillas y plantines.

–¿Qué cualidades debe tener una mujer para entrar en el mundo de la arquitectura?

–Como en todos los ámbitos, la combinación entre formación, dedicación al trabajo, flexibilidad y adaptabilidad a los cambios de escenarios, y la articulación con la visión empresaria, son todos aspectos necesarios para trazar un buen camino.

–¿Qué inspira tu pasión por lo que hacés?

–Encuentro motivación en la posibilidad de hacer un aporte cultural a la sociedad y de transformar positivamente los lugares donde trabajamos. Desde una visión humanística, pensar la arquitectura como servicio, sentirme útil para la comunidad.

–¿Tuviste momentos difíciles en tu carrera?

–El proyecto de Mongolia nos enfrentó con varias dificultades, como la de la comunicación con el cliente, el clima extremo y el intento de comprender la identidad de los habitantes de esa región tan lejana. Justamente esta complicación fue la mayor motivación.

–¿Cuál es la parte de tu trabajo que te da mayor placer?

–Todas las etapas tienen lo suyo. El interés de los primeros contactos con el cliente, escuchar sus necesidades. Luego, el momento del proyecto. Aunque los titulares del estudio tomamos las decisiones finales, hemos formado un equipo en el que se debate. Y finalmente la construcción, la materialización de las ideas.

–¿Qué consejos darías a los jóvenes emprendedores?

–Como en todos los oficios y profesiones, les aconsejo hacer caso a su vocación, prepararse para dar buenas respuestas, perseverar ante las dificultades y hacer el trabajo a conciencia.

–¿Qué es lo que se viene en arquitectura?

–La sustentabilidad. No está de más incorporar esta premisa como requerimiento para lo que se viene. Si se trata de una moda, bienvenida sea: tomar conciencia del planeta, buscar el buen uso de los recursos naturales, minimizar el impacto de los edificios en el medio ambiente, reducir el consumo energético, son cuestiones fundamentales en el compromiso hacia un desarrollo positivo.

 

Plano personal

Una persona clave en su trayectoria: el arquitecto Miguel Ángel Roca.

Una palabra: construir.

Un color: azul.

Un aroma: el del inicio de la lluvia.

Un sabor: chocolate.

Una textura: cuero.

Un sonido: el graznido de las gaviotas.

Un sueño: un mundo mejor.

Un lugar: cualquiera de la cordillera patagónica.

Una cualidad: la sensatez.