Una plebeya argentina suelta en una coronación

Publicada el día: 27 abril, 2013

Nuestra enviada especial, Flavia Tomaello, nos cuenta cómo se vive y se ve Amsterdam antes de la coronación. Los tulipanes que visten la ciudad con los colores de la patria, sus vidrieras, sus calles, la gente y la imagen de Máxima presente en afiches, libros y souvenires que muestran como esta “holandesa nacida en Argentina", como a ella le gusta decir, conquistó el corazón de los holandeses. Entrá y enterate. Todo para disfrutar desde aquí... con un solo ¡click!



 

El holandés es bastante difícil de comprender. No me ha sido tan inescrutable como el alemán, pero está cerquita. Aún así es curioso notar cómo el oído se acostumbra. Con sólo pasar algunos días escuchando esa lengua uno empieza a moverse “como si  entendiera”. Algo así debe haberle pasado a Máxima quien, como yo, alguna vez fue plebeya circulando por Keizersgracht.

Desde mi primera vez en Amsterdam a hoy han cambiado algunas cosas. Una de ellas es que muchos esbozan palabras en español con un acento extrañamente claro. Que las parrillas “argentinas” florecen rodeando a la Dam, la plaza central de la ciudad. Que en el supermercado hay carne y vino argentinos, además de que se ha puesto de moda una especie de adaptación libre del asado.

Aunque por aquí decir “argentino” no devuelve el “Máxima” que sí fue Maradona en otras épocas, la adhesión que representa esta “holandesa nacida en Argentina” como le gusta definirse a ella misma para no herir ninguna susceptibilidad, es cuasi escandalosa.

Mientras los Orange se mantienen como una de las casas reales más respetadas y queridas por su pueblo, Beatriz -la reina que deja su trono- gestó un vínculo cercano y afable. Una imagen positiva atravesó todo su reinado. No obstante, la llegada de su nuera representó niveles impensables de afinidad popular.

La frescura latina se valora y distingue entre la ya bastante flexible sociedad holandesa. Aquello de “detrás de un hombre siempre hay…”, aquí invirtió (o al menos emparejó) roles. Guillermo, el rey entrante, no contaría con el apoyo que recibe si no fuera Máxima quien le otorgó estabilidad, buen tino y dejó de lado una cierta mirada de “pocas luces” que una importante parte de la sociedad le adjudicaba.

Algo de esa naturalidad latina se percibe cuando recorro las calles. Hay algo de la frialdad de los países bajos que se derribó en el último tiempo. Sorprende ver el modo en que se enarbolan coronas o se visten las vidrieras de naranja en honor al evento por venir. Una mirada algo extraña si uno lo compara con lo pacato que se ha convertido para muchos en colocar la bandera argentina para una ocasión patria.
Aquí la fiesta se vive como si ocurriera en el living de casa. Todos son parte y todo sitio se celebra. Tanto es así que, a sabiendas, Luz Príncipe, Eugene Sombreros y Sylvie

Burstin no me dejaron venir sin atuendo acorde a la celebración: zapatos, sombrero y vestido pensados en naranja para estar a tono con la realeza, aunque uno lo mire desde la valla de prensa.