Los elegidos de Casa FOA

Publicada el día: 11 octubre, 2013

Eleonora Cassano, Malena Solda y Gabriela Pochinki, figuras de la danza, el teatro y el canto lírico respectivamente, recorrieron la muestra en su edición aniversario, especial 30 Casas, que se realizó en el antiguo edificio del Banco Tornquist, creación del Arq. Alejandro Bustillo. Estas tres mujeres de las artes eligieron “sus espacios” ... y sumaron su presencia y su ojo distintivo, dejándose enamorar por las innovadoras propuestas de los mejores arquitectos, diseñadores y paisajistas de nuestro país. Además, nuestros elegidos de la muestra.



 

ELEONORA CASSANO
Es la bailarina clásica más popular y reconocida de Argentina. Egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, supo deslumbrar sobre las tablas de la institución que la formó y, también, en los más prestigiosos escenarios de América y Europa. Integró el Ballet de Los Angeles y participó de la creación del Ballet Argentino, acompañando a su entrañable partenaire Julio Bocca.

Eleonora puso el cuerpo a Romeo y Julieta, El lago de los cisnes, Giselle, Don Quijote, Carmen y La Bella Durmiente, entre otros clásicos. Y también demostró su talento en otros espectáculos, en los que se animó a jugar con diversas danzas, como La Cassano en el Maipo, Entre tangos y milongas y La Duarte. Recibió el título de Mejor Bailarina Clásica, de la Fundación Iberoamericana de Danza de Barcelona y es Medalla de Plata (el primer premio en la categoría femenina) del Festival Clásico de New York. Además, fue declarada Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y es Visitante Ilustre de Mar del Plata. En diciembre de 2012, se despidió oficialmente de la danza clásica, con un show en el Obelisco, del que disfrutaron más de 30 mil personas.

La danza en la pared
Como eximia bailarina, Eleonora no deja de relacionarse con el movimiento, por eso eligió el espacio 8, el Comedor de Mónica Ini, al que inmediatamente sintió ligado a su pasión por la danza. “La relación con el cuerpo de la imagen que está en una de las paredes me dio ganas de ponerme al lado y moverme como si fuera un partenaire. Siempre me vinculo con lo físico y me tenté. Lo tengo muy incorporado, me aflora: en cuanto veo un espacio muy amplio, siento ganas de pegar un salto”, confía la bailarina que, a pesar de su gran vocación, prefirió no tener un ambiente dedicado a la danza en su hogar. “En casa no tengo espacio para bailar. Tengo un lugar donde está la camilla de pilates y medio jugando le di clases, en el living, a mi hija y a una amiguita; pero no tengo una barra”, reconoce, quien también reparó en la paleta del espacio elegido: “No soy mucho de los estampados. En general, prefiero los tonos pasteles. ¡Ojo! También me gusta lo intenso. El naranja y el rojo tienen una gran energía. En cambio, el verde y el amarillo no van conmigo, ni en la decoración –por eso, elegí un lugar donde no primen esos colores– ni en el vestuario; la gente que me hacía los trajes, lo sabía”. Eleonora posó en movimiento para la foto, sin zapatos y en diferentes posiciones. Aunque le dijo adiós al ballet clásico, sigue bailando y prepara un nuevo show, que presentará el año que viene, donde combinará tango, contemporánea y actuación, acompañada por el productor Lino Patalano. “Siento la necesidad de tener un espacio para volcar lo que tengo adentro”, confía.

 

MALENA SOLDA
Convertida en una de las actrices jóvenes que más fuerte pisa en las tablas nacionales, Malena comenzó su carrera en la televisión. En cine, actuó en películas como Nueces para el amor,  Ojos que no ven, Cordero de Dios, Juntos para siempre y La mala verdad. Por sus roles cinematográficos recibió los premios Cóndor de Plata, Clarín y Sur. En la pantalla chica, participó de Mujeres asesinas, Todos contra Juan, Historias de la primera vez y Víndica. Sus estudios teatrales empezaron cuando aún era una niña, de la mano de Hugo Midón. Continuaría con otros grandes como Cristina Banegas, Julio Chávez, Luis Romero y Helena Tritek. La pasión y el empeño llevaron a Malena a cursar un posgrado en Teatro Clásico en la London Academy of Music and Dramatic Art (LAMDA), en Inglaterra.

Sobre el escenario, deslumbró con sus roles en Tres hermanas, Marat- Sade, La Celestina, Una bestia en la luna  y Yerma, entre otras puestas. Fue galardonada como Revelación y Mejor Actriz, con los premios ACE, Clarín y Estrella de Mar. Esta temporada, brilla con su personaje en 33 Variaciones, donde comparte cartel con los prestigiosos Marilú Marini y Lito Cruz, en el teatro Metropolitan Citi.

Pasión por los sabores
Fresca y simpática, Malena Solda, además de actriz en plena actividad, es reciente mamá de Teo, el pequeño que la acompañó durante la recorrida en la que eligió la Boulangerie, ámbito que develó su gusto por las hornallas. “Vi este espacio y me dieron ganas de cocinar… ¡Y de comer! Qué bueno sería tener un horno tan grande, una buena mesada. El espacio tiene algo de cálido que también me atrajo. Me encanta cocinar cosas dulces; hacer tortas, budines, muffins, huevos de Pascua. Y nunca interpreté un personaje relacionado con la gastronomía… ¡Sólo hice de moza!”, y cuenta además que disfruta de perderse en los bazares gastronómicos de avenida Jujuy y comprar “cositas”, aunque ahora no disponga de demasiado tiempo para despuntar el vicio porque, claro, su rol como mamá es la mayor prioridad: “Miro algunos programas de cocina porque están buenos, me inspiran. Si veo algo que me interesa, busco la receta en internet. De todas maneras, no me queda mucho resto para cocinar, me tengo que organizar bien, buscar un momento en que Teo no se ponga ansioso y me necesite. Pero extraño cocinar, sigo guardando recetas porque ya volveré al ruedo”.


GABRIELA POCHINKI
La cantante lírica, que desde muy temprana edad representó a la Argentina alrededor del mundo, también recorrió Casa FOA; luego de haber seducido con su voz en la inauguración de la muestra y a pocos días de haberse presentado en el Festival Internacional de Ushuaia. Gabriela es Master en Ópera, graduada de Manhattan School of Music, de Nueva York. Se presentó en esa ciudad, como en escenarios de Italia, Austria, Alemania, Suiza, Israel y, por supuesto, en el Teatro Colón, de Buenos Aires. Siempre bajo la dirección de grandes maestros, interpretó memorables papeles en obras como Rigoletto, El barbero de Sevilla, La Boheme, Don Juan y Carmina Burana. Además, supo competir en distintos concursos que le valieron ser premiada como Mejor Cantante del Mundo, en el Tercer Festival de la Lírica en Italia y el primer puesto como Cantante Lírica de Queens Opera, en Estados Unidos. La consagración internacional le valió, además de infinidad de presentaciones, la posibilidad de grabar tres álbumes clásicos y uno lírico pop en español, titulado Pájaro rebelde.

El aroma en el recuerdo
Dueña de una voz sin igual, Gabriela Pochinki se reconoce como una apasionada de la naturaleza y quedó maravillada cuando descubrió el espacio 22, Ay Rosa, dame todos tus sueños (además nombrado con parte de la letra de una popular canción). “Si tengo que elegir prefiero estar al aire libre, tirarme en el pasto, andar descalza. En Nueva York, y en otros lugares del mundo donde viví, me faltaba la luz; por eso disfruto enormemente de abrir una ventana y que entren los rayos del sol y poder mirar el cielo. En Suiza y Austria, en cambio, viví frente al agua. Por eso,  este espacio relacionado con la naturaleza, tan sutil y sensual, me identificó”, reconoce la intérprete que reparó especialmente en el aroma a rosas que perfuma este ambiente: “Te da una sensación de tranquilidad increíble. La rosa es una de las flores que más amo y aquí están todas las combinaciones de colores. Además, siempre elijo las tonalidades blancas o rosadas. Cuando uno se expresa es muy importante el lugar, el aroma y las distintas sensaciones que produce un determinado espacio. Por ejemplo, en tres minutos, con un aria de ópera, hay que mostrar todo; por eso la escenografía, el vestuario y otros elementos ayudan y entregan las herramientas para dar lo mejor de uno y llegar al alma de la gente, que es lo principal”. Enamorada de la Casa 22, Gabriela remarca cuan determinante fue el sentido del olfato en su elección: “En Viena, me enseñaron la importancia del aroma de cada lugar. En cada ambiente de mi casa, tenía diferentes aromas; lavanda, vainilla, rosas… Y lo reviví muchísimo en este espacio”.

 

LOS ELEGIDOS DE MUJER COUNTRY

La biblioteca, de Juan Azcue
Es el espacio 9, de Juan Azcue. De dimensiones acotadas, en esta ambientación se trató de destacar lo enfatizable y distraer de lo no conveniente. Se crearon dimensiones no reales, colocando el equipamiento a 45 grados para un uso que aumenta las fugas y la dinámica visual, evitando elementos estancos. Las hileras de pantallas de luz paralelas a las paredes en el sentido del largo ponen otro orden distinto e interactúan con los espejos de la pared del fondo para lograr una mayor perspectiva virtual.

Como no se podían colocar bibliotecas por las dimensiones del lugar,  se resolvió pintarlas en las paredes a modo de un contemporáneo trompe l´oeil.  Delante se colocaron visillos de un género semi traslúcido gris cristal plomo que fracciona los estantes y la reiteración de libros.

Los tapizados son de color gris oscuro combinando distintas texturas menos un sillón en color violeta. Las paredes y visillos de la biblioteca son de color similar a los tapizados.  La caja y el equipamiento se apoyan sobre una moquette color lacre que recortan con audacia el perímetro del espacio y el equipamiento mencionado.

Sala de lectura, de Angélica Campi
Es el espacio 25 de Angélica Campi. Un lugar en el que se conjugan la presencia de la biblioteca tradicional de libros de papel y la domótica que permite el manejo digital de las imágenes y la percepción rápida y directa  de los contenidos en las pantallas.

Se trata de un cuarto revestido con maderas claras, bibliotecas,  muros y cielorraso pintados en una gama  oscura que remite la oposición entre clásico y contemporáneo.

A través de las ventanas se observan los impecables  patios interiores revestidos en tejuelas cerámicas blancas que nos recuerdan  los grandes edificios de la Nueva York de los años 20. En esta sala donde se lee, se mira también la pantalla y se observa el paisaje que ha creado el edificio en una perfecta síntesis entre la tradición del edificio y el impacto de lo  nuevo. El tono del piso y el techo es Laguna Particular, el color del año de Alba, y el de las paredes es Gris Maravilloso, de la misma marca.

Cocina taller, de Diana y Eliana Gradel
Es el espacio 31 de Diana y Eliana Gradel. En esta cocina, la enorme y rústica isla central parece un “árbol caído” y está realizada con materiales en su máxima pureza y circundada por equipamiento de cocina que remite exclusivamente a la tecnología  actual. Los colores dan clima y destacan la materialidad propuesta. Electrodomésticos de acero y vidrio conviven  con planchas de fenólico sellado que dan forma al gran mesón de trabajo. La grilla en melamina touch Toledo con iluminación de LEDS en estantes tiene la función de alojar todos los utensilios y objetos necesarios.

El vidrio, laca brillante, herrajes de última generación y una iluminación contundente, aparecen en este proyecto, haciendo de telón de la gran isla. Unos enormes volúmenes sobre el espacio central, aluden a una campana o sistema de extracción ideal para una cocina de estas características y se destacan con mucha presencia debido a su tamaño, textura y color, que se repiten en algunas paredes realizadas con el producto texturado rústico símil hormigón de Alba. De la misma marca son los tonos de las paredes: Bronce Californiano en el interior de las estructuras colgantes, y Gris Sierra y Durazno Frágil en las paredes. El espacio es Premio Casa FOA y Longvie a la mejor aplicación de producto.