Cuba, la isla soñada

Publicada el día: 18 noviembre, 2013

Arenas blancas, mar turquesa, una música históricamente romántica y una historia revolucionaria y rebelde hacen de esta isla preferida por Hemingway un lugar paradisíaco que ofrece mucho más que la belleza caribeña.



 

No lo sabemos con certeza pero, seguramente, Cristóbal Colón debe haber quedado impactado con la belleza de las costas de esta isla maravillosa, cuando el 27 de octubre de 1942 La Pinta, La Niña y La Santa María llegaron a estas tierras casi vírgenes de arenas blancas y mar turquesa.

Cuba es la isla más grande del Caribe y tiene una ubicación estratégica que hizo que en la antigüedad varios piratas la utilizaran como base para sus actividades. Está situada en la entrada del Golfo de México y posee una superficie total de 109.886 kilómetros, es decir, apenas un tercio de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en esa pequeña superficie caben casi 4000 kilómetros de costa paradisíaca y una historia de más de cinco siglos que tiene mucho para contar.

 

La Habana, romántica y rebelde

La Habana es la capital del país y, además de ser la ciudad más importante tanto política como económicamente, es el punto de partida de cualquier itinerario turístico por la isla. Es una ciudad mágica, llena de contradicciones y bellezas. Recorriendo sus calles vamos descubriendo por qué tanta gente en el mundo queda enamorada de esta ciudad y tantos han decidido quedarse a pasar su vida aquí. Tal como lo hizo el legendario Ernest Hemingway, probablemente el más conocido de los extranjeros ilustres que la eligieron, quien pasó algunos años en esta tierra escribiendo varios de sus libros más reconocidos.

El centro histórico de La Habana nos hace retroceder a la época de la colonia. A medida que lo recorremos vamos perdiendo la noción del tiempo. Antiguos caseríos, calles empedradas, palacetes y palacios de estilo europeo con entradas majestuosas son protagonistas de manzanas enteras y adornan los alrededores de este barrio, el primero de la ciudad y, para muchos, el mejor conservado de Latinoamérica. Aquí está la famosa Plaza de Armas, con su también conocida feria de libros –se pueden conseguir ejemplares antiquísimos de la mejor literatura cubana y universal por pocos pesos –. Y a pocas cuadras, es posible visitar la Catedral de La Habana, joya de estilo barroco del siglo XVIII.

Para los amantes de la historia, La Habana cuenta con gran cantidad de museos y espacios dedicados a la memoria. El más conocido es el Museo de la Revolución, que ofrece un recorrido muy didáctico sobre el nacimiento, desarrollo y triunfo de la revolución cubana, con muchos documentos fotográficos, material periodístico y piezas originales, que abarcan desde la presidencia de Batista hasta el 1º de enero de 1959, cuando Fidel Castro llegó al poder. No es necesario hacer el recorrido en forma guiada. Simplemente se lo puede seguir a nuestro antojo. Y en la línea de la historia, otro de los lugares dignos de visitar es la Plaza de la Revolución, corazón gubernamental de La Habana moderna y plaza emblemática en la que Fidel solía dar sus históricos discursos de 8 horas cada 1º de mayo. En el centro está el monumento a José Martí, prócer de la lucha de independencia nacional. Allí mismo, debajo, hay un museo en su memoria y también se puede subir a la torre para apreciar una de las mejores vistas de La Habana. Al frente, la emblemática figura de Ernesto Che Guevara sobre el frente del Ministerio del Interior y a su izquierda la recientemente inaugurada figura del líder revolucionario y amigo personal del Che, Camilo Cienfuegos.

 

Con sabor…

Las calles de esta ciudad salpican de ritmo y calidez en cada esquina. A toda hora y a cada paso uno puede disfrutar de una orquesta de música cubana, en la calle o en un bar. Y, por supuesto, es imposible no detenerse a saborear un mojito –el trago nacional –mientras se escucha un poco del mejor son o algún bolero de esos que invitan a desplomarse en la silla y simplemente disfrutar.

A la hora de almorzar, la variedad de precios y opciones satisface a todos los visitantes. Lo ideal es preguntarle a algún cubano, que siempre está dispuesto a aconsejar bien a los turistas, a los que reciben no sólo con cordialidad, sino con verdadero placer. Para los presupuestos más bajos, los “paladeres” son una gran alternativa. Son restaurantes que funcionan en casas de familia, generalmente atendidos por sus dueños y en los que de verdad se puede saborear auténtica cocina cubana, generalmente a base de cerdo, pollo o pescado acompañados, siempre, por arroz y frijoles. Luego hay otros más cool  (y caros) en los que se prepara cocina internacional, pastas, pizzas y un riquísimo ceviche. Siguiendo con la gastronomía, para los tragos, hay dos lugares que no se deben dejar de visitar: la Bodeguita del Medio, que conserva el título de servir el mejor mojito de toda la isla, y El Floridita, cuna del daiquiri y bar preferido por Hemingway para pasar sus tardes. De paso, justo en esa esquina, nace Obispo, una de las calles principales de la ciudad, por atractiva y concurrida, donde nunca cesa el sonido del bongó y el canto a capella de los músicos locales.

Finalmente, el atardecer tiene una cita para cubanos y foráneos en el malecón, desde donde se disfruta la caída del sol mejor que en cualquier otro sitio, sintiendo el temblor que provocan las olas cuando chocan con la muralla de la ciudad.

 

Cayo largo, el paraíso

Cuba tiene esa combinación perfecta que muchos turistas buscan a la hora de elegir un destino donde pasar sus vacaciones: una ciudad, o varias, que tienen mucho para decir, mostrar y vivir, y la bendición de la naturaleza, que hace que uno se sienta en un verdadero paraíso en el que sólo se puede disfrutar. Por eso, si bien todo el año hace calor, es importante saber que el clima de Cuba es subtropical y tiene dos estaciones claramente definidas: la seca, que va de noviembre a abril, y la lluviosa, que se extiende de mayo a octubre, y que mientras la media en invierno es 20°C, en verano llega a 26 o 27°C.

Dicho esto, sólo se trata de poner fecha y decidirse por una de las tantas opciones de playa que ofrece la isla: desde el más popular Varadero, a apenas una hora de auto de La Habana, hasta la más tranquila Ancón, playa a la que se accede desde uno de los pueblos más lindos y mágicos de todo Cuba, Trinidad. Tanto en uno como en otro, y en las otras muchas opciones que ofrece la costa continental cubana, el mar es un placer que oscila del turquesa al azul verdoso. Pero quienes han estado en algunas de las islas o cayos que forman parte del archipiélago al que pertenece Cuba, saben que nada se compara con la belleza de sus playas, las más exclusivas del destino.

Cayo Largo es una de las más famosas y su Playa Sirena, una de las más hermosas de estas latitudes: arena blanca como pocos lugares del mundo pueden ostentar y aguas tan transparentes que parecen vírgenes. Se encuentra al este de la Isla de la Juventud y se llega en avión desde La Habana (192 kilómetros) o desde Varadero (170 kilómetros). Hay varios hoteles de 4 y 5 estrellas con régimen “all inclusive” y lo ideal es llegar con un paquete ya armado. Las mejores playas se encuentran alejadas de los hoteles y hay un servicio de traslado en un pequeño tren ecológico que recoge a los turistas por cada hotel  y los lleva hasta ellas. El tren es gratuito y tiene una frecuencia de cuatro servicios por la mañana y tres por la tarde. Para los que quieren moverse con un poco más de libertad, hay taxis que por 5 dólares hacen el mismo recorrido.

Entre las excursiones posibles, una muy entretenida es la del Cayo Iguana, una isla habitada por estos reptiles. Otra opción es nadar entre delfines y hacer piruetas con ellos, una experiencia realmente alucinante para cualquiera. En Cayo Largo, los días de la semana no existen y todos, sin excepción, regalan música, tragos tropicales y atardeceres increíbles en la playa o la pileta de los resorts.

Playas, historia, sol, música y espíritu caribeño son apenas algunas de las tentaciones que ofrece Cuba a sus visitantes, que siempre se van prometiendo regresar.

 

Un héroe argentino

Ernesto Che Guevara es el personaje más querido y respetado de Cuba. En todas las ciudades a lo largo de la isla, pintadas, retratos, frases y recuerdos hacen presente a quien fue el líder más influyente de la revolución cubana. Y basta con presentarse como argentino, para recibir un poco más de la amabilidad, el cariño y la generosidad que caracterizan a los cubanos, casi sin excepciones.

Sin duda, la ciudad más impregnada con el espíritu del Che es Santa Clara, ciudad en la que “el comandante Guevara”, libró su batalla más heroica y que fue determinante para el triunfo de la revolución, conocida como la Batalla del Tren Blindado. Y es acá donde se erige el famoso mausoleo al que cada años llegan decenas de miles de turistas de todo el mundo para rendirle homenaje personal a quien se considera un verdadero romántico de la revolución. Es una gigantesca figura de bronce, bajo la cual funciona el museo sobre su vida y el mausoleo donde se encuentran sus cenizas.

 

 

Textos: Lucas Bigliani / Ana Césari.

Fotos: Lucas Bigliani.