Bebé a bordo

Publicada el día: 2 diciembre, 2013

Aprender a viajar con un bebé requiere práctica; más aún, si se trata del primero. Cuándo empezar, hasta dónde llegar o cómo encarar la travesía dependerá no sólo de cómo sea el pequeño, sino de cuán seguros se sientan sus padres. Hay reglas básicas que pueden convertir el viaje en una buena experiencia familiar, en especial pensando en las próximas vacaciones.



 

Todos los niños, incluidos los bebés más pequeños, se beneficiarán viajando con sus padres. Cada uno, a su manera y de acuerdo a su edad, puede experimentar algo positivo, si rodeamos a nuestros hijos de un entorno afectivo y seguro, capaz de respetar su nivel de desarrollo. Además, los adultos también aprendemos de ellos a ver con frescura y asombro los lugares que visitamos de su mano.
Antes de emprender el gran viaje, es bueno prepararse, haciendo pequeñas escapadas de un día o un fin semana. De esta manera se conocen los ritmos del bebé, sus gustos y sus preferencias, así como su grado de adaptación a los nuevos ambientes. Dicha tolerancia se irá incrementando a medida que vaya viajando (no hay que olvidarse que el ser humano es nómade por naturaleza).
Otro aspecto importante para evitarse problemas durante las vacaciones  es prestarle especial atención a su salud. Más allá de la obvia visita previa al pediatra y la aplicación de las vacunas que el profesional recomiende; una semana antes de la partida habrá que poner especial énfasis, en que todos los adultos que vengan de la calle se laven muy bien las manos, antes de tocar al bebé, ya que los resfríos se contagian a través del contacto físico directo. Si el chiquito concurre a un jardín maternal, pedir que lo vigilen para que no toque o se lleve a la boca un juguete con el que haya jugado otro niño con mucosidad.

En el auto de papá
Para hacer más llevadero el trayecto, sujetar todo elemento dentro del auto, acomodar bien el equipaje y llevar con nosotros el juguete preferido del bebé (por ejemplo el osito al que se abraza para dormir o su mantita).
El viaje puede ser una experiencia saludable y tranquila si se toman ciertos recaudos y destruyen algunas viejas creencias.
* No se debe fumar dentro del coche ya que se trata de un habitáculo totalmente cerrado y el chiquito terminará “fumando” el humo de los fumadores.
* El pequeño debe viajar –sí o sí- en el asiento trasero y en su silla especial para viajes.
* Es recomendable que uno de los padres se siente atrás para que el chiquito se sienta menos aislado y disfrute de la proximidad física con el adulto.
* No se deben colocar objetos sueltos en la luneta trasera porque pueden salir despedidos ante cualquier frenada.
* Antes se decía que era mejor conducir de noche cuando los chicos duermen. Grave error, porque de noche se está más cansado como para salir a la ruta y además, se puede llegar al hotel horas antes del momento de la admisión.
* Otra vieja creencia decía que era mejor conducir sin parar hasta llegar al destino final. Con ello lo único que se logra es ponerse cada vez más tenso con el consabido y terrorífico resultado de mayores híper cansados y criaturas fastidiosas.
Es imprescindible recordar que se tiene un volante entre las manos y que se está transportando a la familia a grandes velocidades. Aunque el bebé llore, grite o se ponga pesado, quien conduce debe seguir concentrado en la ruta, hasta que se pueda parar en un lugar seguro.

Una cinta de plata llamada tren
Viajar en tren con un bebé puede ser una fascinante aventura o una de esas cosas que quedan grabadas con el “nunca más”. Si la criatura no es demasiado pequeña ofrece la ventaja de pasearla por los pasillos (en brazos o bien sujeta de la mano), llevarla al vagón comedor en cuyas mesas se pueden desplegar algunos de sus juegos y mostrarle el paisaje; también allí se calienta la mamadera o se come algo rico. No hay que olvidarse que, si se viaja de noche, pasarse todo el tiempo sentado en un vagón de tren con un chiquito en el regazo, es incómodo. La mejor opción es hacerlo en coche cama, comodidad que, lógicamente, tiene su precio.

Entre las nubes
Para poner el pie en un avión con un bebé, hay que tener algunos puntos en cuanta:
* Los niños menores de dos años pueden viajar sin pasaje sobre la falda de un adulto.
* Es posible, pagando el asiento, que los chicos que pesan menos de18 kilos viajen en sillas homologadas  por la FAA (administración Federal de Aviación de EEUU). Al hacer la reserva se debe dar el número de identificación de la silla. Sino es homologada no se puede usar en el avión, se despacha como equipaje.
* En clase turista, de aviones de fuselaje ancho, los asientos de la primera fila central cuentan con cunas encastrables, provistas por la aerolínea, para bebé hasta 9 kilos de peso. Estas comodidades deben solicitarse en el momento de la reserva.
* Para aliviarle el dolor de oídos al bebé -que se produce durante el despegue y descenso- darle el pecho, el biberón o el chupete.
* Los aviones cuentan con lavabos que tienen cambiador, ese lugar donde se debe cambia al bebé. Los pañales sucios se guardan en la bolsa para los vómitos y se dejan en el cesto de residuos del lavabo o se espera a llegar a destino para desprenderse de ellos.
* Llevar algunos juguetes para que el viaje sea más divertido.

Cómo llegar a buen puerto
Si la decisión es viajar en barco, hay que tener en cuenta que el vaivén de las olas puede producir sensación de mareo, vómitos y hasta diarrea en los bebés. Por lo tanto, lo mejor será tomar ubicación en la parte media del navío, donde el movimiento es menor. Además, para superar estos malestares, lo más aconsejable es darle de comer muy liviano (si el chiquito ya incorporó alimentos sólidos) y ofrecerle abundante agua. Si es muy pequeñito, no hay nada mejor que el pecho de mamá. Estos cuidados son irrelevantes si se trata de viajes en grandes barcos.


Texto
: Adriana Aboy
Fotos: D.G.
Modelos: Celina Tosi y su hijita Justina
Asesoramiento: doctora Claudia Valenti, médica pediatra.
Fuente: De viaje con niños, 99 estrategias de supervivencia para ir de vacaciones con los más pequeños, de Claire Tristam y Lucille Tristam. Colección Viajando con… de Editorial Océano.