La magia de Marruecos

Publicada el día: 25 enero, 2014

Naturaleza, mercados, historia milenaria y camellos. De eso y de mucho más se trata este país del norte de África que cada vez atrae más turistas en busca de unas vacaciones diferentes, en las que se puede disfrutar de playas bellísimas y de experiencias únicas en una cultura milenaria y sorprendente.



 

Baños de sol y arena, prehistoria, azulejos de todos los colores y alfombras mágicas. Mar, desierto y nieve. Ubicado a sólo 14 kilómetros de España, al otro lado del estrecho de Gibraltar, Marruecos se extiende sobre el norte africano, entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Un país moderno, rico en historia y cultura, habitado desde la prehistoria por varias civilizaciones. La lengua oficial es el árabe y el Islam, su religión. Desde las altas cumbres nevadas del Atlas al desierto y las playas, Marruecos ofrece un clima variopinto, que exige sólo algo de ropa ligera para el día y un poco de abrigo durante las noches.
La leyenda cuenta que Hércules creó Marruecos al abrir el Estrecho de Gibraltar. Y, desde la Antigüedad, varias civilizaciones –fenicios, bizantinos, romanos, árabes, entre otros–, dejaron su huella en el exquisito patrimonio cultural, artístico y arquitectónico marroquí. Actualmente, Su Majestad el rey Mohamed VI está al mando del país desde su entronización el 30 de julio de 1999 y su gobierno se caracteriza por la voluntad de construir “un Estado democrático, solidario y moderno que respete sus tradiciones y su identidad”.
Marruecos está situado entre el Atlántico y el Mediterráneo, atravesado por cuatro cordilleras: El Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Antiatlas. La propuesta geográfica y climática es tan diversa que se puede empezar el día con un baño en las playas de Agadir y terminar haciendo esquí en las pistas de Oukaïmedén o recorriendo en camello las dunas del Sahara.
Son numerosas las reservas naturales y los parques que se extienden a lo largo y ancho de todo el territorio marroquí. Entre los espacios más destacados se encuentran el Parque Nacional de Souss Massa, el del Toubkal, el de Tazekka, el de Iriki y el de Talassantane.
Para aquellos amantes de la flora y la fauna, Marruecos es el lugar ideal. La bahía de Dakhla, en el sur, alberga la última colonia de focas monje del mundo; cerca de Agadir, el parque de la desembocadura de los ríos Uadis Souss y Massa contiene un paraíso, donde flamencos rosas, grullas o ibis eremitas deslumbran en cada aleteo.

Un crisol de culturas
La sociedad marroquí es el producto de numerosas migraciones, cuya cultura se ha ido diversificando con las sucesivas conquistas y, aunque es un país islámico, en la actualidad los musulmanes conviven en perfecta armonía con católicos y judíos, fundando una identidad abierta a la diferencia.
Marruecos estuvo habitada por el hombre desde la prehistoria, por lo cual su patrimonio arqueológico es inigualable y así lo demuestra el Museo de Rabat, que comparte con el mundo las primeras notas de la historia de la humanidad. Y si de sitios inigualables hablamos, ocho son los espacios marroquíes declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO: la medina de Tetuán, que conserva su estilo intacto de varias influencias; la ciudad imperial de Meknes, con una impresionante arquitectura mestiza del siglo XI; Volubilis, el lugar mejor conservado de Marruecos, donde sobrevive la ingeniería urbanística del Imperio Romano; la medina de Fez, el primer emplazamiento marroquí, con un urbanismo inspirado en el Islam; la antigua ciudad portuguesa de Mazagan y la medina de Essaouira, dos prestigiosos sitios de la costa atlántica; la lujosa plaza de Djemaa EL Fna, ubicada en el centro del país, y por supuesto, la fabulosa ciudad fortificada de Aït-Ben-Haddou, en la región de Ouarzazate.

Los 1001 caminos
Mil y un senderos son los que tiene Marruecos para ofrecer a los caminantes. Los novatos apreciarán las cortas rutas a lomos de burro o de un dromedario y los deportistas más fanáticos pueden aventurarse a la famosa ruta sendera que combina la mula y el esquí en el Gran Atlas, esquí de fondo en los cedrales en la meseta del Medio Atlas y el esquí alpino en la estación de Ukaimeden en Michlifen, cerca de Ifrane. Asimismo, se pueden realizar escaladas, caza y pesca, equitación, ciclismo, barranquismo, golf, surf, tabla-vela, kite surf, espeleología y paracaidismo, entre muchas otras actividades que exultan el espíritu además del cuerpo.
Por otro lado, la mayoría de los grandes hoteles cuenta con un spa o un centro de belleza, que combinan lujo, comodidad y bienestar. En cualquier lado se puede disfrutar de un hammam (baño turco), verdadero centro de relax y toda una institución en Marruecos. Entre los tratamientos que ofrecen, se distinguen la exfoliación con jabón negro, la envoltura de henna o ghassoul (arcilla) y el masaje con aceites esenciales. Para quienes aman el contacto directo con la naturaleza, son imperdibles los baños de arena en el desierto, en la parte de Tinfú y Merzuga, en el valle del Draa.
Pero no todo se trata de aventura y naturaleza. Uno de los paseos más convocantes a lo largo y a lo ancho de Marruecos son los zocos (souqs), esos mercados al aire libre en los que todo se puede encontrar, comprar y probar. Y en los que, por supuesto, el regateo es la regla. Lo mismo con los taxis: es bueno pelear y fijar el precio de antemano, para no llevarse sorpresas. Históricamente, estos mercados se hacían fuera de las ciudades, donde una caravana cargada de mercancías, enseres y artesanías se detenía y ofrecía sus productos a los locales. En la actualidad, estos mercados se extienden por los principales centros comerciales y los barrios más atractivos de distintas ciudades marroquíes. Además de espacios de intercambio comercial, son centros de festividades tradicionales, en donde se desarrollan diferentes actividades culturales y sociales.
Lo cierto es que tradición, color, lujo y modernidad se combinan en estas multitudinarias ferias de artesanos y comerciantes, llenando el aire de especias, las más extrañas y sabrosas que se hayan visto y probado. Pero no es todo comida, también hay artesanía, arte y todo tipo de tejidos, cerámicas y objetos hermosos y únicos que meten en problemas a cualquier turista a la hora de volver a armar las valijas al regreso, porque no hay manera de no comprar de más.
Rabat ofrece una exquisita y valiosa artesanía y también dispone de firmas prestigiosas y centros culturales ultramodernos. En Marrakech, los cueros, las pieles y las alfombras son de una calidad inigualable en el mundo, así como la repostería, que es sabrosa y suculenta. Casablanca, tal como Rabat, ofrece la tradición artesanal marroquí y la de las grandes firmas de lujo internacionales. Plantas medicinales, sal y pescado son las compras perfectas para hacer en los zocos de Fez. En todos es necesario tener tiempo para recorrerlos y disfrutarlos en todo su esplendor.

Las 7 de Marruecos
Cuatro son las ciudades más importantes de Marruecos: Tánger, Marrakech, Rabat y Fez. Aunque Agadir, Safi y Casablanca, entre otras varias, destacan también por su belleza y riqueza cultural. Tánger embelesó a Henri Matisse, Jimmy Hendrix y Winston Churchill. Es la región de los zocos y las cuevas de Hércules. El té a la menta es un símbolo de hospitalidad y es un clásico del café Hafa. Asilah, Tetuán y Chefchaouen son los favoritos para los paseos urbanos. Las puestas de sol son inolvidables en el cabo Espartel. Marrakech es una de las ciudades más importantes de Marruecos, por sus numerosos monumentos, que son considerados Patrimonio de la Humanidad y la convierten así en el principal atractivo turístico del país. Rabat es la capital del Reino de Marruecos, situada en la costa atlántica, segunda por su número de habitantes. En Rabat se pueden conocer varios lugares de interés, como la Torre Hassan, el Mausoleo de Mohamed V, la kasbah o la medina de la ciudad.
Fez es la capital anterior de Marruecos y una de las ciudades medievales más viejas y más grandes del mundo. Está considerada como el centro religioso y cultural del país. Su universidad es reconocida por el estudio del árabe y la religión musulmana. Las magníficas madrazas son las escuelas donde se enseña el Corán. Agadir es una ciudad de playas, golf y muchos spas. Fuera de la ciudad, el Parque Nacional de Souss Massa deslumbra a los visitantes con sus tesoros. Safi es una antigua ciudad fortificada portuguesa, célebre por su Museo Nacional de la Cerámica y su barrio de alfareros. Incomparables son las deliciosas ostras en Ualidia. Casablanca es la primera ciudad de Marruecos por su número de habitantes: capital económica, industrial, financiera, primer puerto y la más moderna del país. Su principal atractivo es la Gran Mezquita de Hassan II, que asombra por su esplendor y además es la única que puede ser visitada por no musulmanes.
Y la lista continúa. Marruecos es un destino turístico desde hace mucho tiempo y, de hecho, el fomento del turismo es una de sus principales políticas públicas, ya que lo consideran un instrumento de paz y comprensión internacional. Sin embargo, esta enorme, rica y bella tierra, multiplicada en atractivos por su gran historia y prolífica cultura, tiene el encanto de esos lugares que siempre parecen por descubrir.

 

Texto y fotos: Ana Césari.