Panamá, la cintura de América

Publicada el día: 29 marzo, 2014

Las playas, la selva y su célebre Canal son algunos de los condimentos que hacen de Panamá un destino cautivante, con una carta de paisajes y culturas a tono con su biodiversidad.



 

Quiso la naturaleza que este pequeño país con más de 800 kilómetros de litoral pacífico y caribeño y un conjunto de miles de islas a sus pies, tuviera el digno rol de ser el puente que une el norte y el sur de América, separa los dos océanos y calienta el trópico. La “cintura de América”, como se conoce a Panamá, es mucho más que su archifamoso Canal, esa magnífica obra de ingeniería que revolucionó la navegación turística y comercial de este continente. Es también un abanico de geografías para todos los gustos: de sus infinitas playas de arena blanca a sus montañas verdes, de sus bosques tropicales a los arrecifes de coral, del Casco Histórico a su americanizado distrito financiero. Tal vez por eso, cada turista llega aquí en busca de experiencias distintas. Algunos prefieren saborear el Caribe, con playas como Bocas del Toro y el Archipiélago de San Blas en el tope de los favoritos. Otros se aventuran a un viaje por rutas que van cosiendo costas, valles y montañas, con la posibilidad de saltar en tiempo récord de este a oeste: la latitud del país es de solo 50 kilómetros en su área central y no supera los 320 kilómetros en su región más ancha. Y también están los que ven a Panamá como una meca del shopping y las compras al por mayor.

 

Ciudad de contrastes
Panamá city, la capital recostada sobre la costa oeste, se encuentra a 24 kilómetros del aeropuerto de Tocumen.
Ciudad de altos contrastes, su fisonomía es una fiel muestra de las diferentes caras de este país. Por un lado, los altos rascacielos y edificios espejados que han surgido en los últimos años a cuenta de un notorio boom inmobiliario, y que le han sumado el mote de la Miami del Caribe. Por el otro la Panamá colonial y precolombina, con un casco histórico al que recién en los últimos años se le empezó a dar valor. Y también la Panamá más marginal, la de las tiendas en la calle y las casas de empeño, espejo absoluto de un país con ricos muy ricos y pobres muy pobres.
La primera ciudad de Panamá (hoy conocida como Panamá Viejo) fue construida por los españoles cerca del 1500. Cuna de los tesoros de la corona española, terminó sus días en 1671, luego de ser saqueada y quemada por el pirata Henry Morgan. Hoy es una atractiva conglomeración de ruinas. La actual capital del país fue fundada en 1673 a 8 kilómetros de la anterior, y es la que conforma su casco histórico, que fue declarado por la UNESCO como zona Patrimonio de la Humanidad .
A lo largo del Paseo General Esteban Huertas, una calle que se va encorvando junto a las bóvedas que con sus paredes fortificadas protegían a la ciudad, se obtiene una maravillosa vista panorámica del entorno urbano panameño a lo largo de su bahía, con el casco viejo de un lado y los edificios espejados del otro. En el extremo de este camino se encuentra la Plaza de Francia, con su monumento al fallido intento francés de dragar el canal que uniría los dos océanos. Desde allí, la figura ondulante del Puente de las Américas –el cruce vehicular en la entrada del Canal de Panamá, atravesando el mar – es imponente.
Por las estrechísimas calles empedradas en las que uno puede imaginar al legendario Pedro Navaja –el personaje que inmortalizó el cantante Rubén Blades, otro panameño tan famoso como el Canal (quien además fue ministro de Turismo del país), sorprenden las casonas de estilo español con sus balcones de hierro forjado siempre rebosantes de flores. Aquí los conventillos se codean con los nuevos hoteles boutique, las señoras de ruleros caminan a la par de los turistas vip y los descendientes de indios kunas (mujeres y hombres por igual) ofrecen sus pintorescas molas –géneros bordados a mano, en colores caribeños– a precio dólar. Y todo, mientras el aire huele a sancocho (un guiso picante de pollo y verduras, declarado plato nacional) y el omnipresente reggaetón marca el paso.

 

Destino comercial
Por su condición de nexo entre las Américas, Panamá es uno de los más importantes centros de intercambio comercial del mundo. Además de un abanico de shoppings para todos los gustos –como el Allbrook Mall, ideal para los que buscan rebajas, el gigante Multicentro, ubicado en una de las zonas más ricas de la ciudad y con casino propio incluido, o el Multiplaza Pacific Mall, emplazado en la bellísima Punta Pacífica – abarca más de 400 hectáreas – y es un gran mercado a cielo abierto ubicado en la zona libre de la provincia de Colón, a 80 kilómetros de la capital. Desde la ciudad salen a diario decenas de buses y charters con destino a Colón. Como se trata de un paseo largo –no alcanza un día para recorrerlo – conviene llevar ropa cómoda y no olvidar el pasaporte, que le será requerido en cada compra.

 

Entre dos océanos
Se puede preguntar a cualquier turista qué sabe de Panamá, y seguro que nombrarán el Canal. Es que esta obra que comenzó en el 1500 como un sueño del rey de España Carlos V (y que 300 años después, le quitaría el sueño al ingeniero francés Fernando de Lesseps) finalmente se hizo realidad a principios del siglo XX, de la mano de Estados Unidos, país que lo administró hasta 1999, cuando finalizó el lento proceso de restituirlo a manos panameñas.
Por el Canal de Panamá transitan anualmente más de 14.000 barcos (entre 35 y 40 por día, según el tamaño), que tardan aproximadamente ocho horas en atravesarlo de lado a lado y pagan un derecho de paso promedio que ronda los 100.000 dólares (el peaje más bajo en la historia deL Canal fue de 36 centavos de dólar, y lo pagó en 1926 un hombre que cruzó los 80 kilómetros a nado).
Los turistas pueden conocer el mecanismo de relojería que permite esta maravilla de la ingeniería en el puesto de las esclusas de Miraflores, uno de los tres que atraviesa el Canal. Allí, desde una terraza en altura, se obtiene una vista abierta de las dos vías que sirven como ascensores de agua (hay una tercera, más amplia, en construcción) que gradualmente bajan los barcos del Atlántico al Pacífico y viceversa, para permitir así el cruce por la Cordillera Central (el desnivel de agua entre los dos océanos es de 26 metros). El espectáculo del abrir y cerrar de compuertas que van llenando y vaciando el canal para permitir el paso de grandes embarcaciones ( barcos de hasta 294 metros de largo y 32 metros de ancho) finaliza siempre en un ruidoso aplauso.

 

De mar, arena y valles
A uno y otro lado de su cuerpo, Panamá ofrece diversos paraísos de arenas claras o volcánicas, aguas azules o deliciosamente transparentes. Entre los preferidos se encuentra Bocas del Toro, un archipiélago de 68 islas (sólo seis están habitadas) y docenas de cayos que abundan en la gran bahía fronteriza entre Panamá y Costa Rica.
Otro paisaje con magia propia es el que ofrece la Bahía de San Blas, la pintoresca comarca de los indios Kunas, frente al Golfo del Caribe, en su límite con Colombia. Lugar favorito de los navegantes por sus excelentes fondeos, cuenta con un archipiélago de más de 360 islas idílicas.
El Archipiélago de las Perlas es otro destino codiciado. Se trata de un collar de 220 islas que se asientan dentro del Golfo de Panamá, en la entrada pacífica del Canal. La principal, Contadora, tiene playas espectaculares de arena blanca, resorts de lujo, canchas de golf y un moderno puerto náutico. Y para los surfistas, nada mejor que las espectaculares olas en las playas del Pacífico, desde Punta Chame hasta Farallón.
Tierra adentro, Panamá resulta un oasis de verde intenso y montañoso, con trece parques nacionales, ocho reservas forestales y otro tanto de zonas protegidas.

 

Texto: Florencia González.
Fotos: Gentileza Autoridad de Turismo de Panamá.