Antonio Banderas: “Mi vida ha estado llena de saltos al vacío”

Publicada el día: 15 diciembre, 2014

El actor andaluz más famoso estuvo en Buenos Aires para presentar su perfume y realizar acciones solidarias. A los 54 años, tan seductor como siempre, habla de los comienzos en los que iba de pensión en pensión, de Hollywood, de la fama y el dinero, y de su inminente divorcio de Melanie Griffith: “La moral y la ética siempre van por delante”.



 

Una chomba celeste y un suéter sobre los hombros lo hacen parecer más un oficinista que un actor. Antonio Banderas, a simple vista, es un hombre de mediana edad que podría pasar por cualquier calle de Buenos Aires en un día hábil sin que las mujeres se den vuelta suspirando a su paso; sin llamar demasiado la atención siquiera. Y, sin embargo, basta con que empiece a hablar o con que entre en el rol para dejarse fotografiar, y en segundos hay una decena de personas hechizadas por este andaluz que después de dos décadas en Hollywood no ha perdido la sencillez ni la simpatía; menos aún la pasión por su trabajo y el eje para caminar derecho por un camino plagado de dólares y fama. “Yo me pelé mucho antes de llegar aquí. Hice un montón de teatro independiente y actué en muchas plazas donde me tiraban piedras. Andaba en una camioneta que tenía más aceite que un jamón y mi madre me quería matar. Me fui a Madrid con dos pesetas: viví en nueve pensiones en el primer año, sin deshacer las maletas, e iba buscando entre los coches para ver si a alguien se le había caído algo de valor… Trabajé en papeles secundarios y fui creciendo poquito a poco. Mucho tiempo era al que en las ruedas de prensa le hacían una sola pregunta o ninguna. Ha sido todo muy progresivo y no me he sorprendido. Aunque claro, a veces me pregunto: ¿Cómo es que ha pasado todo esto?”, dice el actor que pasó de ser un “chico Almodóvar” al español más famoso y convocado de Hollywood; el que abrió el camino por el que luego llegaron Penélope Cruz y Javier Bardem.
A punto de que salgan los papeles del divorcio de la actriz Melanie Griffith, luego de casi dos décadas de matrimonio y una hija juntos, Banderas visitó la Argentina para presentar su perfume King of Seduction. En medio de conferencias de prensa, visitas a programas de televisión y encuentros con estudiantes de teatro y de cine, como parte de su contrato con la empresa que produce la fragancia, Puig, una vez más dedicó parte de su tiempo a la solidaridad y visitó la Casa Garrahan.

-¿Cómo se combina el empresario con la estrella de cine y el hombre solidario?
-Hay distintas formas de hacer negocios. Y nosotros elegimos una con una ética y una moral. En cada país que visitamos elegimos una institución para colaborar y acá en la Argentina nos hemos decidido por la Fundación Garrahan. El mundo está hecho de héroes anónimos y allí está lleno de ellos; muchos son niños. Esto es parte de mi vida porque yo en España presido la Fundación Lágrimas y Favores. Y realmente para mí es muy importante esta tarea. No es que se combine, sino que es parte de lo que soy yo.

-Tu perfume se llama King of Seduction… ¿Cuánto hay de eso en vos?
-(Se ríe) No, no. El éxito con las mujeres es tan relativo como todo lo demás. Como ya he dicho, lo de la muerte es lo único seguro que tenemos. El tema de la seducción es complicado. El tema de las mujeres es algo absolutamente etéreo, intocable e invisible en el que lo único que uno puede hacer es dejarse llevar por la intuición. Como dice mi amigo Joaquín Sabina: las mujeres no existen, cuando uno les va a meter mano, desaparecen.

-En la publicidad se te ve como una especie de Agente 007 seductor que gana a todas las mujeres de a fiesta y luego salta al vacío. ¿Sos un hombre que aún se tira al vacío?
-Yo creo que sí. Desde que me marché de Málaga en 1980 con 15 mil pesetas en un bolsillo que mi madre me había cosido adentro del pantalón, y que por cierto era muy incómodo porque debía ir al baño cada vez que quería pagar, hasta lanzarme a hacer una película en inglés cuando no hablaba inglés, sin duda, mi vida ha estado llena de esta clase de saltos al vacío. Los americanos tienen una frase que dice “no guts, no glory”: sin agallas no hay gloria. A veces no hay lancha que te salve cuando saltas, como en el aviso del perfume, pero hay que saltar igual. Yo me he pegado la cabeza contra el suelo y me he roto algunos huesos, pero no me ha matado todavía.

-¿Divorciarse es como un salto al vacío? Se dice que en Hollywood son muy caros los divorcios…
-Te lo diré en dos semanas.

-Has hecho ya 93 películas, ¿cómo ves tu carrera?
-Siempre he discutido con el concepto de “carrera” en el caso de esta profesión. Por lo menos me parece sospechoso, porque a mí me gusta participar de muchos géneros y, por ello, me he topado con agentes en Los Angeles que me empujaban a seguir practicando aquellas cosas que me habían funcionado. Entonces cuando yo llegaba con una propuesta de algo que me interesaba, me decían: “No, porque eso sería malo para tu carrera”. Por suerte, pude sacarme de encima ese mandato en un momento. Y he hecho películas con Pedro Almodóvar, un cine que se permite el lujo de reflexionar sobre las complejidades del ser humano y de la vida, y he hecho mucho cine de entretenimiento, sin más fin que ese. Soy un agradecido por haber participado de todos esos mundos.

-¿Te arrepentiste alguna vez de algún personaje?
-No, no. Yo creo que si uno tiene la suficiente grandeza y humildad, va a aprender de aquello que no le ha salido bien. No conozco prácticamente a nadie en el mundo del cine que haya rondado la perfección; a excepción de algunos como Orson Wells o Luis Buñuel, pero el resto ha tenido altibajos, como en la vida, y ha sabido levantarse. Así que no, no me arrepiento de nada; ni en el cine ni en la vida.

-¿Hay algún papel que te quede pendiente?
-Hay un papel que me están ofreciendo por parte de Carlos Saura y es Pablo Picasso. Y que realmente me interesa, pero hay un problema legal por los derechos. Así que después de eso nos pondremos manos a la obra. La película tendrá una participación de Gwyneth Paltrow como Dora Maar –la amante de Picasso- y se tratará de los 33 días que empleó don Pablo para pintar el Guernica, en la exposición Universal de Paris de 1937 y en mitad de la Guerra Civil Española. Es una película con arte, política. Realmente tengo muchas ganas.

-Se dice que te ofrecieron interpretar al Papa Francisco en un film que se llamará Call me Francis… ¿Qué opinás de él, te gustaría hacer el filme?
- Creo que a pesar de lo complicado de la estructura institucional en la que le toca actuar, él está dando pasos hacia la esencia de la religión católica que no es otra que mirar al prójimo. Su intervención en la Asamblea de la Unión Europea es muy interesante realmente. De todas formas, aun no me han ofrecido nada respecto de ese papel, así que no sé si lo haré. Además, primero debería leerlo. Siempre es muy difícil hacer un papel de alguien que existió realmente.

-¿Cómo ves el mercado del cine en la actualidad?
-Está cambiando el paradigma: el cine tal y como lo entendemos se está muriendo, y está pasando a otro formato. La última película que hice con Sylvester Stallone sufrió 17 millones de descargas en la red… Porque, claro, el tipo que está en su casa y puede ver la película desde su sillón, gratis ¿por qué no va a hacerlo? Y no se legisla contra ello porque cualquier partido político que lo ponga en su programa va a perder la elección. Es muy difícil este tema.

-¿Cuáles son las diferencias entre filmar en los Estados Unidos y hacerlo en Europa?
-Muchas. La distancia entre Moscú y Madrid es la misma que hay entre Nueva York y Los Angeles. Sin embargo, nosotros en medio hablamos como 16 idiomas y tenemos culturas completamente diversas y, por lo tanto, un mercado completamente heterogéneo. Los Estados Unidos sí lo tienen: un mercado doméstico de 350 millones de espectadores potenciales que refuerzan la salida del país. Con lo cual hay una dinámica natural de gran factoría de espectáculo. Porque el cine es un arte pero también es una industria y los estadounidenses han puesto el acento en esa segunda parte. En Europa muchas veces el estilo nace por la necesidad y, como no podían competir contra Hollywood, tuvieron que volcarse al arte. Yo creo que hay una posibilidad que ha sido muy poco explorada y es la hispana, que tiene un mercado potencial de 500 millones. Yo creo que se podría haber competido desde nuestra lengua realmente. Siempre me he preguntado por qué nunca hubo un estudio hispano en Hollywood.

-¿Qué contacto tenés con el cine argentino?
-Mi último contacto con el cine argentino fue en San Sebastián, donde he visto la última película de Ricardo Darín, Relatos salvajes, que además está producida por Almodóvar y realmente me ha gustado. Pero además hace muchos años he tenido la oportunidad de trabajar con el director Rodolfo Kuhn en El señor Galíndez, donde tuve la suerte de actuar junto a Héctor Alterio, con quien luego volví a grabar. Pero antes ya había tenido contacto con el teatro argentino en 1984, cuando vine por primera vez a Buenos Aires con la Compañía Nacional de España, que entonces era liderada por el tristemente desaparecido Alfredo Alcón… Para mí él ha sido un dios; y trabajar a su lado me ha producido tanta emoción o más que trabajar con Peter O´Toole, por ejemplo. Alcón era un animal hecho para el teatro, con una potencia enorme de la que aprendí muchísimo. Tengo además amigos. Para mí, la relación con el cine argentino es carnal.

-Tu colega Angelina Jolie se dedicará a la dirección a partir de ahora. ¿Alguna vez pensaste en dejar de actuar?
-He tenido ocasión de trabajar con Angelina y me parece genial que se ponga a dirigir porque es una mujer muy lista e inteligente. Así que creo que tiene varios ases en la manga para mostrar… Pero yo no voy a dejar la actuación de ninguna manera. Me la sigo pasando muy bien delante de cámara. Y el motor que hace 34 años me empujó a salir de Málaga sigue engarzado y funcionando muy bien. Así que no, voy a seguir actuando.

 

Texto: Paula Bistagnino.
Fotos: Diego García y prensa Puig.