Joan Manuel Serrat: “El tiempo que me queda quiero ser coherente con mi corazón”

Publicada el día: 13 abril, 2015

A los 71 años, el cantautor español más querido en la Argentina regresó con una gira extensa en la que celebra 50 años con la música, “Antología desordenada”. Habla de sus comienzos, de la trayectoria y de las prioridades de hoy: vivir, evitar lo inútil y superfluo, disfrutar.



 

Son más de 600 canciones, son decenas de discos y veintenas de shows en todo el país. Son cinco décadas de él con la música y casi el mismo tiempo de sus melodías y letras impregnadas en las casas, las vivencias, los recuerdos, las nostalgias y la cotidianeidad de cientos de miles de personas, en dos tres y hasta más generaciones. Es innegable: Joan Manuel Serrat ha sido parte de la vida de los argentinos más que ningún otro cantautor español. Y lo sabe. Y lo aprecia. Tanto que él mismo considera a Buenos Aires parte importante de su existencia, al punto de que confiesa amar –e incluso extrañar- este cielo azulceleste profundo que no se ve en todas partes del mundo. Así, con ese amor por el arte, la naturaleza y el trabajo, con compromiso social y político, habla de todo.

-¿Usted es consciente del revuelo que causa cada visita suya al país? Cada vez son giras más largas y cada vez hay que seguir agregando funciones porque se agotan…
-La verdad es que ustedes, argentinos, me siguen sorprendiendo. Es tanto el amor, el cariño, la contención y lo que recibo cuando vengo a este país que no puedo dejar de sentirlo como un segundo hogar de alguna manera. Y trato de agradecerlo todo lo que puedo, porque para un artista eso es muy preciado.

-¿Cree que hay como una sensación de que, quizás, sea una de las últimas giras y la gente no se lo quiere perder?
-Puede ocurrir que desaparezca pero no por voluntad propia (se ríe). No tengo por el momento ningún planteamiento de dejar de hacer música. No sé lo que haré el año que viene y sigo preparando canciones y cosas. Ya llegar a fin de año después de semejante gira implica tomarme un tiempo para ver qué hacer y cómo me queda el cuerpo. Eso tiene que ver con las prioridades y el tiempo: uno tiene que empezar a valorar… Tengo la sensación de que soy inmortal pero no creo, no estoy tan seguro de que no me vaya a morir.

-Ha musicalizado a grandes poetas españoles que, además, tienen un gran compromiso político: entre otros, Miguel Hernández y Antonio Machado. ¿Qué poder tiene para usted la palabra en relación al cambio social?
-Toda la conexión: la palabra es la forma de comunicarnos, el mecanismo con el que nos expresamos, con que nos informamos los unos a los otros. La palabra es absolutamente todo en el hombre, nuestra manera de sentir. Y el lenguaje es lo que nos hace sacar eso que tenemos de únicos, diferentes, a todo el resto de los animales: el hecho de pensar. Pasaron millones de años hasta que el hombre desarrolló el lenguaje, una herramienta tan maravillosa.

-Tiene una relación muy directa con la Argentina. ¿Ha incorporado algún hábito de este país?
-He incorporado cosas muy porteñas, algunas que incluso echo de menos cuando no estoy aquí. Yo apenas como carne fuera de la Argentina, por ejemplo. Y vísceras como mollejas y chinchulines para nada. Además de que me tengo que cuidar porque produce grandes incrementos de ácido úrico. Otras tienen que ver con el paisaje. A veces me encuentro yo en Barcelona y miro el cielo y digo: mira ese cielo, parecería que estuviera en Buenos Aires… Y mi mujer me mira raro. Pero es que este es un cielo distinto, como más profundo, con unas nubes diferentes, con unas nubes que anuncian cosas… Afortunadamente, salgo poco en Barcelona.

 

Memorias de un trovador
Nació el 27 de diciembre de 1943 en Barcelona, en el barrio El Pueblo Seco, y en el seno de una familia trabajadora: hijo de Josep, obrero y militante anarquista, y de Ángeles Teresa, aragonesa y portera de edificio. Aquella realidad en la que creció, marcada por la dictadura franquista, así como la de las calles de su vecindario y las historias de la época serían la tierra fértil sobre la que en el futuro se inspiraría para crear muchas de sus canciones más sociales y políticas.
Pero no fue hasta que llegó a la Universidad que Joan Manuel empezó con la música. “Imagínese que yo crecí con la música de la radio, porque entonces no había ninguna otra cosa… La radio era el único medio que en una infancia austera podía proveerle sonidos a los hogares españoles. Y recién para los 15 o 16 años apareció entre nosotros uno de esos tocadiscos portátiles. Lo llevábamos de aquí a allá con discos de colores. Así fue la infancia: escuchando lo que se pasaba en la radio, que era sobre todo canción española, coplas y boleros. Todo fue así hasta que llegó Raúl Matas, el gran innovador de la música juvenil en España, en los años 60”, cuenta el cantautor español más famoso, querido y admirado en la Argentina.

-Generaciones de argentinos lo han escuchado y lo escuchan… Es, al menos acá en la Argentina, una leyenda. ¿Cómo pesa eso a la hora de componer nuevas canciones?
-No diría que pesa, sino más bien que eso es lo que lo empuja a uno. Claro que existe el peligro de la comparación, que nunca es buena, pero creo que puede ser ventajoso. A la gente le gusta lo que ha hecho propio, lo que lo ha formado. Muchos dicen que les gustan mis primeras canciones y, claro, las primeras para un chico joven son las de los años 90 y para el padre de ese joven son las de los 70. Creo que la dificultad en todo caso pasa por poder llegar las generaciones jóvenes. Por tener vehículos para hacerlo.

-Debutó en la radio hace exactamente 50 años, en 1965. ¿Qué recuerdos tiene de aquel día?
-Uy, muchos pero también muy difusos algunos. Aquel programa de radio en el que debuté a los 20 años, era en directo. Se llamaba Radioscope, era en el estudio Toreski de Radio Barcelona e iba por las mañanas con público. Allí iban artistas a los que les pagaban por cantar, algo que sería impensable hoy en día. No que te paguen, si no que te pasen sin pagar (se ríe). Toqué un día y parece que gustó, así que toqué otro y otro. Y estuve así como una semana. Me acuerdo muy bien de todo aquello esos días: me acuerdo de la telefonista, del portero, de la entrada de la radio, del estudio… Seguramente estaba muy nervioso, pero eso me lo olvidé.

-¿Qué similitudes encuentra hoy aquel joven de 20 a la hora de componer una canción?
-Uy, era todo muy diferente. Porque entonces yo no tenía ninguna rutina al escribir mis canciones. Eran las primeras y de lo que se trataba en ese momento era sólo de disponer del tiempo para hacerlo: componía cuando tocaba la guitarra, porque en ese tiempo yo estudiaba en la Universidad, así que ya tenía bastante yo con estudiar histología, botánica, genética y esas cosas. Y los ratos en los que me la pasaba tocando la guitarra eran más bien de ocio, así que no tenían una gran importancia. Era todo muy espontáneo. Y recién cuando fui creciendo como profesional, cuando la música empezó a tener un lugar profesional en mi vida, ahí fue que eso empezó a ser una rutina. Pero entonces no era más que eso… Las cosas eran maravillosamente sencillas en aquel tiempo.

-Desde entonces, ha hecho más de 600 canciones… ¿Qué se necesita para esa procreación? Talento ¿y qué más?
-Se necesitan dosis de talento, pero también grandes dosis de trabajo. No conozco a nadie que tenga una obra consistente, larga y profunda sólo con talento.

-¿Imaginaba hace 50 años esta carrera? O, al menos, ¿soñaba con algo así?
-No, no. Creo que si hubiera pensado esto, lo más probable es que no hubiera hecho absolutamente nada y hubiera vivido muy frustrado… No hubiera conocido a mi mujer y estaría muerto. O en muy malas condiciones. Todo esto es un cúmulo de coincidencias, de casualidades, de trabajo. Nadie puede imaginarse semejante cosa y saberlo o imaginarlo sólo me habrían paralizado.

-Habla de su mujer…
-Claro, ella y las hijas que tengo son una prioridad. La estabilidad y la tranquilidad de mi casa son cosas que hay que valorar. Y son lo que me permite ser todo lo creativo que puedo ser y ser feliz en mi profesión.

-¿Cuáles son sus prioridades hoy en su vida?
-Sin duda es el tiempo. El tiempo que me queda para poder participar en esto que amo tanto, que es la vida. Y entonces mi prioridad es usarlo de la manera en la que yo me sienta mejor, que no quiere decir más cómodo ni más egoísta. Evitar lo inútil y lo superfluo y tratar de usar lo que me queda de la mejor manera. Hacer las cosas que realmente considero prioritarias de hacer. El cómo y el qué me lo van diciendo el día a día. Y también de alguna manera lo que hace a mi esencia, a este ser. Tengo cosas a las que no renunciaré jamás, que me llevan su tiempo, y el resto dedicarlo a vivir de una manera coherente con mi entorno, con mi sociedad, con mi familia, con mi corazón; esto es: con mi necesidad de amar y de ser amado. Dejando un ratito para el futbol, por supuesto.

 

Entrevista: Paula Bistagnino.