Christophe Krywonis: “Si el cocinero no seduce, pierde”

Publicada el día: 5 febrero, 2016

El chef francés muestra su costado más rudo y también su faceta más sensible. Habla de cómo sufrió por amor, el deseo de volver a estar en pareja, las ganas de visitar a su mamá y, por supuesto, su trabajo.



 

Hace un par de años que trabaja en la tevé pero en los últimos años y gracias a Masterchef, Christophe Krywonis se convirtió en un cocinero estrella. Con su español afrancesado y su actitud exigente supo conquistar al público argentino.
Si bien la pantalla chica le dio exposición, el trabajo de este chef va mucho más allá. Este año, cumplirá uno de sus anhelos más grandes: volver a tener un restaurante (ya manejó uno en los `90). “Es una obsesión”, reconoce.

-¿Qué tenés en mente para tu restaurante? ¿Ya tenés el lugar físico?
-Eso se está negociando. El concepto ya está tanto a nivel arquitectónico -necesito que sea un lugar tipo galpón- y también gastronómico. El restaurante es un objetivo muy importante pero tengo otros dos proyectos grandes para este. Uno es televisivo, un nuevo reality donde se van a convocar cocineros aficionados y profesionales, para trabajar al estilo restaurante. Además, esta todo el proyecto en papel. Este año saqué mi anuario y voy a trabajar para el anuario 2017. Además saldrá un libro pero lo quiero hacer con tiempo, si lleva un año, que sea un año. También voy a lanzar unos coleccionables para un gran diario nacional. Es mucho trabajo pero hay un tema: no voy a descuidar mi salud. No voy a trabajar de sol a sol porque a veces fue así, 20 horas trabajando. Voy a trabajar menos horas y además, tomarme por lo menos, un día de descanso en la semana que antes no me tomaba.

-Embarcarte ahora en la apertura de un restaurante, ¿no es muy estresante?
-Ese proyecto me acapara mucho tiempo pero no olvidemos que antes de ser mediático, yo soy cocinero, y el cocinero vive de la cocina, no de la televisión. En la tele, hoy estoy arriba y mañana desaparezco. Yo nací en la cocina, no en la tevé. Entonces, con mucho respeto, tomo lo que me da la pantalla pero me preparo también para hacer mi futuro como empresario gastronómico. Pero me quiero tomar las cosas con más calma porque además del trabajo tengo mi familia. Dos hijas, dos nietos y también quiero dedicarles tiempo. Por otro lado, la cámara me chupa mucha energía. A ver, si no me gustara no lo estaría haciendo. Me encanta, eh. No hago algo si no me gusta. Así perdí mucha plata porque no me gustaba el proyecto. La tele me sirve y me gusta, pero yo no soy narcisista, no me la creo e intento aprovechar la pantalla. Soy de los compromisos asumidos y de llevarlos adelante el 110 por ciento.

-¿Y Masterchef? ¿Habrá una nueva edición?
-Si la hay, será en el segundo semestre del año. Es un programa que lleva mucha producción, casting y dedicación.

-Con la fama que ganaste, cada opinión gastronómica que das causa revuelo…
-Parece que sí. Dije que el salmón era una porquería y la venta bajó un 40 por ciento según Clarín y La Nación. Esas cosas me impresionan y no por creído, sino que me sobresalta reconocer el impacto que tengo en el público o la exposición. Es raro para mí que sea tan solicitado o escuchado, incluso a veces digo pavadas. También había dicho, al pasar, que el asado uruguayo me gustaba más que el argentino. No dije no que era mejor. Pero bueno…

-¿Cómo te llevás con las redes sociales?
-Me enganché mucho pero ahora trato de darles menos bola. El punto extremo llegó cuando fueron los atentados en París. Los guerreros virtuales -así llamo yo a los que hablan ocultándose tras el anonimato de las redes- me empezaron a decir un montón de cosas. La gente opina de más. No hay que darle bola, porque lo bueno y lo malo no te evalúa. Y no quiero faltarle el respeto a la gente que me sigue, que es muy valiosa. Pero no puedo engancharme con todo lo que dicen.

-¿Trabajando en un restaurante te devolvieron algún plato?
-Sí, ha pasado que platos que hayan sacado mis cocineros, estás con otra cosa, y los devuelven. Pero algo que haya hecho yo, no. Si el plato no me gusta, directamente yo no lo saco. Me doy cuenta de que no va y lo dejo a un lado. Pero ahora con mi restaurante, imaginate. Voy a tener que estar preparado para todo. Es lógico. Siempre alguno va a buscar una brecha para querer hundirme y envidiosos en este momento tengo un montón. Lo terrible es que, a veces, una persona que habla mal hace más daño que cien personas que hablan bien. Pero así es la vida y hay que saberlo llevar.


UN SEDUCTOR NATO
Pero para Cristophe no todas son críticas. El francés tiene seguidores fieles de todas las edades que le demuestran su afecto. Sin embargo, él aclara que, en este momento está solo y, aunque no está “buscando” una pareja, no descarta volver a enamorarse. Es más, le gustaría.

-La contracara de las críticas negativas en las redes es que llegás a más personas, conquistás más…
-El cocinero es un conquistador, un seductor…

-¿Siempre lo fuiste?
-Si el cocinero no seduce, pierde. Es parte de la profesión, saber seducir con tus platos. Si no, no vas a lograr éxitos. Vas a ser un buen cocinero pero no vas a crecer. Gordon Ramsay, por ejemplo, el cocinero más rico del mundo es un carismático. Nosotros tenemos que trasmitir placer, darle un poco más de vuelo al plato, saber deslumbrar o si ves alguien que llega a tu restaurante un poco sombrío, con problemas, vos tenés que lograr que se vaya con una sonrisa o en paz y eso es muy interesante.

-Y en tu vida personal, ¿sos seductor?
-¡Estoy solo como un hongo!

-Pero tuviste dos novias en el último tiempo…
-Sí, una era diseñadora gráfica con la que empecé a salir hace tres años. Me hizo pelota porque estaba enamorado. Pero ojo, ella me dejó pero yo me mandé mis macanas también para que me dejara. Eso lo vi después de que se fuera el sufrimiento.

-Después saliste con una decoradora, de quien te separaste hace muy poco…
-Sí, en septiembre me separé pero fue diferente. Es una amiga de hace mucho años, es muy bella y muy linda persona pero faltó algo, una pimienta o una especia para que funcionara. Así que decidimos cortar por lo sano y seguimos siendo amigos.

-Tenés fama de rudo pero sos muy enamoradizo. ¿Querés volver a estar en pareja?
-¿Me gustaría? Sí. ¿Estoy buscando? No. Pero me gustaría que me vuelva a pasar como hace tres años. Siento que me puedo volver a enamorar, esté en el momento en el que esté. Ahora tengo 50 años pero tiempo atrás, cuando me separé de la mamá de mis hijas, me arrepentía de haberme enamorado. Después me di cuenta de que en el momento está bueno, de que no hay que cambiar la esencia.

-Hay muchos hombres que después de los 50 se vuelven a enamorar y proyectan tener hijos. ¿Vos lo pensaste?
-Nadie me hizo la pregunta todavía pero con la diseñadora yo tenía ganas de tener un hijo. Nunca lo supo. Igual, yo ya tengo nietos y realmente me tiene que mover la situación para tener hijos. Yo voy tomando lo que me dé la vida, con tranquilidad. Por otro lado soy muy pasional y quizás quemo un poco las naves y eso me juega en contra pero también soy muy tolerante… El problema es que me toleren a mí. Yo tengo mi carácter, y el que tiene carácter es brusco. Además tengo una voz fuerte y parece que grito cuando estoy hablando; soy grandote. Soy un poco víctima de mi estatuto biológico.


COMO EN SU CASA
En 1989, Cristophe llegó a la Argentina y lo hizo para quedarse. Al principio, quizás no lo sabía pero, después de “pagar el derecho de piso”, el cocinero decidió que este era su lugar en el mundo. Primero fue a trabajar a Las Leñas con Francis Mallmann y después se instaló en Buenos Aires.
“Había vuelto a Francia tras un año trabajando en el Caribe, con muchas historias de las cuales quiero hacer un libro, pero con poco crecimiento como profesional. Me quería ir a Estados Unidos pero al final no salió y vine a la Argentina”, recuerda el chef

-¿Por qué te enamoraste de la Argentina?
-El otro día me dijeron “es muy probable que un extranjero que viene a la Argentina no tenga ganas de volver a su país pero un argentino que se va a otro país siempre tiene ganas de volver a la Argentina”. Y eso es muy cierto. La calidad de vida -si bien no me regalaron nada- y la filosofía de vida es diferente a la de otros países.

-¿Sos un hombre inflexible?
-Soy bastante recto, tengo una conducta inflexible en muchas cosas pero me eso mantiene a flote. También tengo una parte muy sensible, una acompaña a la otra. Tuve una infancia difícil, papás separados, sentí rechazo por un padre ausente. Me volví muy ligado a las amistades por la ausencia paterna.

-¿Volvés a Francia seguido?
-Intento pero se me complica con el trabajo. No vuelvo mucho. La verdad es que quiero ir más seguido para ver a mi mamá que tiene 76 años. Voy a intentar volver en abril que es mi cumpleaños, para festejarlo con ella.


Texto:
Soledad Cotelo
Fotos: Carlos Alfano

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