Diego Golombek: “La ciencia no es para genios”

Publicada el día: 29 agosto, 2016

Lo dice alguien que ha dedicado su vida a los estudios científicos y también, a divulgarlos, tanto en libros como en programas de televisión, aportando gran creatividad y entusiasmo. Doctor en Biología, docente e investigador, además, hoy dirige los contenidos del Centro Cultural de la Ciencia y está convencido que la ciencia es y debe ser para todos.



 

Doctor en Biología, profesor y jefe de Laboratorio en  la Universidad Nacional de Quilmes y autor de muchos libros sobre divulgación científica, Diego Golombek es, además, investigador del CONICET y director Centro Cultural de la Ciencia (C3), un museo y centro experiencial del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, ubicado en el  Polo Tecnológico (Godoy Cruz al  2700, Palermo), donde chicos y grandes pueden aprender de manera interactiva y didáctica los principios básicos y los secretos de la ciencia.

Vestido de manera informal, ocupado, muy cordial, Diego ante la primera pregunta sobre su entusiasmo por divulgar la ciencia, explica que: “la ciencia que no se cuenta no es ciencia, es otra cosa, que no sé cómo se llama. Porque por un lado hay que contarla profesionalmente, de eso vivimos, de hacer papers, de charlar con los colegas… pero no alcanza. Hay que contarla al público en general por muchos motivos. Uno es por una cuestión impositiva, somos científicos del sistema público y tenemos que contar lo que hacemos como una especie de rendición de cuentas. También está la cuestión vocacional: si no contamos lo que hacemos apasionadamente cómo lo hacemos, pocos pibes se van a interesar por lo que es la ciencia.  Y por último hay una razón más general: la mirada científica del mundo, además de ser  lo más poderoso que inventó la humanidad para entender, también es maravillosa y es muy divertida, y es muy mágica y sería muy egoísta que sólo  estuviera en manos de los científicos.  Una cosa es hacer ciencia profesional y otra cosa es ponerse ojos de científicos para que se entienda qué hacés, cómo lo hacés, cómo es el mundo”.

–¿Notás que ahora los chicos se interesan más por la ciencia?

–Los chicos se interesan siempre por la ciencia. Picasso decía “todos los niños nacen artistas”. Sí, ok, pero también nacen científicos. Van a quemar hormigas con la lupa en el jardín, van a abrir un juguete a ver cómo funciona o quieren abrir al hermanito a ver qué tiene adentro. Así que esa curiosidad posiblemente sea innata, venga con nosotros. El tema es qué pasa después, particularmente en el sistema educativo, que tiende a barrerla debajo de la alfombra porque “mirá si me pregunta algo que no sé o si quiere ir por otro lado”. La curiosidad es innata, pero con un sistema que no la aprovecha, creo que perdemos un montón de posibles vocaciones. El otro asunto es que cuando un pibe tiene  un cierto interés por la ciencia, en la mayoría de los casos, no se dedica, no busca una carrera científica por varias razones: una porque piensa que es para genios, para nerds, para tragas. Nada que ver. Es para apasionados, en todo caso, pero no es para personas genias o inteligentes. La otra es porque piensa que para qué voy a meterme en  una carrera científica, si después me recibo y termino en un taxi. Y eso es mentira, las dos cosas son mentira. En este momento hay varias carreras científicas con ocupación plena: la geología, la computación, ramas de la ingeniería, ramas de la química. Además, si tenés una carrera científica, podés tener un trabajo en el Estado o en el sector privado y muy bueno y esto también es algo que  hay que divulgar: que los chicos sepan cómo es estudiar y trabajar en ciencia y que hay un trabajo digno esperándolos.

–Está en las escuelas este trabajo de advertir a los chicos de que hay trabajo, hay posibilidades…

–La divulgación cumple una función complementaria a la de la escuela. La escuela y el maestro son irremplazables y tienen que estar ahí. Lo que  podemos hacer nosotros, los científicos divulgadores, es dar algunos elementos que algún profe quiera aprovechar para motivar a los estudiantes, para contarles qué pasa si se dirigen a una carrera científica o lo que fuera. Nosotros ponemos los elementos ahí. No siempre se aprovechan tanto, pero me parece que  hay toda una redefinición que hacer acerca de la enseñanza de las ciencias, que sigue siendo algo muy magistral. Se dicta clase de ciencias en lugar de salir a hacer experimentos, a ver cómo es el mundo.

–No es muy diferente a lo que sucede en otras áreas. Pero tal vez en la ciencia es donde ancló el mito del acartonamiento y de la dificultad…

–Los contenidos de la escuela primaria casi no contemplan ciencia. La primaria es para aprender a leer, escribir, sumar, restar,  y un poquito de historia y geografía. En general, es muy poco lo que se ve de ciencia y es en esta etapa cuando más está esa curiosidad dando vueltas. En los contenidos del secundario sí está contemplada la ciencia, pero es una ciencia disciplinaria, se enseña compartimentado matemática, química, física, biología, pero no se ejercita una mirada científica, con esos saberes combinados, que es el modo como funciona la ciencia profesional y contemporánea. Nadie puede mirar y experimentar solo en su propia disciplina sino que siempre necesita la ayuda de otros.

 

Oportunidad docente

Además de la motivación de los chicos, está la que debe tener en docente que imparte la ciencia para a su vez contagiar entusiasmo a sus alumnos.  Al respecto, Golombek nos habla de los planes que tienen en el C3 (Centro Cultural de la Ciencia). “No hemos comenzado aún en el C3 –nos dice– a hacer capacitación para docentes. Uno de nuestros objetivos es ponernos en marcha con este tema, pero aún no empezamos formalmente. Pero sí hay distintas actividades  de martes a jueves y pueden acercarse las escuelas. Nosotros nos ocupamos de que el docente pueda entender en parte qué es lo que queremos transmitir con esta mirada científica y que en todo caso lo aproveche. Nuestra idea es que con anterioridad a esta visita el docente ya tenga herramientas para transitar por la experiencia y que posteriormente pueda evaluar que pasó con la visita, que herramientas adquirió y que pasó o cómo pudo aprovecharlas a lo largo del año.

–¿Cuáles son los proyectos del C3?

–El C3 es parte del Programa de Popularización de la Ciencia y la Innovación, que tiene proyectos de formación docente. Dos son federales. Uno se llama Los científicos van a la escuela. En este caso,  lo que hace el ministerio es juntar a los docentes con científicos de todo el país. Cada científico acompaña a un docente a lo largo de seis meses para planear una serie de experimentos o una serie de clases. Y el otro programa que promovemos es el encuentro de clubes de ciencia. Hay muchos clubes de ciencia en todo el país, no muy conocidos, algunos muy pequeñitos, que funcionan en la casa de un profe y otros más grandes, en clubes. Y nosotros lo que hacemos es promover que haya encuentros por región proponiéndoles algunas actividades y que ellos compartan algunas experiencias. Y funciona bastante bien.

–También están haciendo hincapié en que la ciencia no solo se divulgue en las escuelas sino al público en general…

–Es que es un mito esto de que la ciencia es para pocos.  La ciencia profesional, sí. Pero la mirada científica no es privativa de los científicos, es una mirada que tenemos que compartir con otros. Lo que pasa es que para poder compartir tenemos que usar herramientas diferentes a las de la ciencia profesional. Tenemos que echar mano a todos los formatos, el de la televisión, la gráfica, el cine… para poder transmitir ciencia al público.

–Tal vez a futuro todos tengamos  que estar más cerca de la ciencia, porque el desarrollo tecnológico es cada vez más veloz…

–Siempre fue así, lo que sucede es que ahora nos es más cercano. El público para las antenas cuando se le habla de contaminación, energía, temas de salud, ecología, catástrofes… Pero también aspectos de la ciencia que están lejos causan gran interés como los temas cosmológicos, la fascinación de los chicos por los dinosaurios o lo que fuera…por más que no sean temas de todos los días, uno puede decir ¡Guau eso me interesa!

–Cada vez hay más especializaciones dentro de la ciencia ¿Cómo se llega a estar al día mientras uno estudia para saber qué nuevas ramas aparecen?

–Es muy difícil porque la especialización en la ciencia es cada vez mayor. Las disciplinas son cada vez más chiquitas. Sabemos todos más sobre cada vez menos. Para entender bien un problema, una disciplina sola no alcanza, con lo cual habrá que trabajar en colaboración con otras ramas. Pero más importante que la disciplina o la interdisciplina es la mirada científica.

–Pero convengamos de todos modos que las ciencias duras requieren un esfuerzo…

–La mirada científica puede ser desarrollada por todo el mundo. Es cierto que las ciencias duras requieren un esfuerzo, pero no son imposibles de aprender. La gente más grande recuerda los pizarrones llenos de fórmulas y piensa así la ciencia y eso es parte de la ciencia, pero no es la ciencia. Por supuesto que se necesita memoria. Pero lo que está faltando es esto de poder ser curioso, hacerse preguntas y mirar con ojos de científico.

 

C3, una declaración de principios

C3 es la sigla que señala al Centro Cultural de la Ciencia. “Ya el nombre –nos dice Diego– es una declaración de principios. Porque la ciencia es parte de la cultura.  Y eso es lo que queremos contar acá. La ciencia como cultura y en intersección con otras áreas de la cultura como la literatura, la música, la danza…”

El C3 tiene auditorios, salas para eventos, organiza charlas, conferencias, espectáculos, incluye también el canal de televisión TECTV que es parte del Ministerio, los proyectos federales para la enseñanza no formal de la ciencia. También se desarrollan en el C3 una serie de concursos de teatro, fotografía, música, ensayo, y forma parte de su programación el clásico concurso Innovar.

Pero, además, el C3 se puede visitar los fines de semana entre las 13 y las 19 para recorrer el espacio interactivo que se llama Lugar a Dudas. “Este nombre –aclara Golombek–, también es una declaración de principios, porque es un lugar diseñado para que quien lo visita pueda formularse preguntas tal como lo hacen los científicos. Hay muchos museos o espacios interactivos en el mundo, pero son todos iguales, todos tienen un espacio para tal disciplina, y para tal otra. Nosotros quisimos cambiar un poco la lógica, entonces, en lugar de disciplinas, elegimos ir por conceptos generales de la ciencia y creamos la Sala del Tiempo, la de la Información y la del Azar. El concepto científico está, pero en el formato de juegos y  actividades. Para realizar este proyecto se necesitó de unos tres años con la intervención de más artistas que científicos y el resultado nos complace mucho. Visitar las salas es interesante como experiencia lúdica y científica”.

Alrededor de estas actividades el C3 realiza una serie de eventos, charlas, talleres y actividades participativas, que en algunos casos se tematizan: hubo un mes del cerebro, otro de la paleontología, otro del invierno, y otro de la programación. Septiembre será el mes de la ciencia y la literatura.

Por último y a raíz de las actividades de programación que acaba de desarrollar el C3 durante el mes de agosto, le preguntamos a Golombek sobre la importancia de que los chicos aprendan a programar computadoras. Y al respecto nos aclara que “la programación es una gran herramienta de pensamiento. Más allá que luego se dediquen a lo que quieran, si los chicos  pasan por una etapa de programación, su pensamiento ya no será el mismo, será diferente, y mejor”.

 

MÁS SOBRE DIEGO GOLOMBEK

Es uno de los divulgadores más notables de la ciencia en nuestro país, actividad por la que recibió el Premio Konex 2007. En este último rubro, participó en el programa Científicos Industria Argentina y en la colección Ciencia que Ladra (Siglo XXI), donde además de dirigirla escribió cuatro títulos (El parrillero científico –compartido–; El nuevo cocinero científico –con Pablo Schwarzbaum–; Demoliendo papers –compartido–; y Sexo, drogas y biología.)  También ha escrito numerosos trabajos y es autor de los libros Las neuronas de Dios y Cavernas y palacios (Siglo XXI) y Cronobiología humana, que refiere a uno de sus sus más importantes líneas de investigación, entre otros. Recibió el Premio Nacional de Ciencias Bernardo Houssay y la Beca Guggenheim. Fue asesor científico del programa La Fábrica de Discovery Channel y conduce Proyecto G en Canal Encuentro.

 

Texto: Silvia Fittipaldi

Fotos: Diego Soldini.