Jimena Cyrulnik y Naty Álvarez: “Quisimos fabricar mallas cómodas para todas las mujeres”

Publicada el día: 29 enero, 2017

Amigas desde la infancia, la conductora y la diseñadora se asociaron hace meses para fabricar trajes de baño con un concepto: que cubran la panza sin perder elegancia y feminidad. Así nació “Cyru”, que se lanzó al mercado en noviembre y ya tiene su clientela fanática.



 

Tener una idea, ponerle ganas, desarrollarla, creer en un proyecto, animarse, ponerse a trabajar y arriesgarse.  El camino de emprender una marca o una empresa no es de un día y requiere de toda una serie de pasos que suele levar tiempo y planificación. Pero lo de ellas fue como una ráfaga que las impulsó en línea recta hacia el objetivo y mucho antes de lo que cualquiera podría imaginar, estaban haciendo el desfile de presentación de su marca de mallas. Ellas son la modelo y conductora Jimena Cyrulnik y su amiga, socia y diseñadora gráfica Naty Álvarez. Se conocen desde que eran dos niñas en Mar del Plata e iban juntas a la escuela. Cada una luego siguió su camino, pero nunca dejaron de ser amigas. “La sociedad surgió espontáneamente. Empezamos a principios del año pasado con la idea y a mediados a fabricar”, cuentas las dos, ya con Cyru en marcha, funcionando y dándoles satisfacciones.

-¿Cómo surgió la idea, la semilla del proyecto?
Naty:
Yo ya fabricaba ropa y un día Jime me llamó para decirme que quería hacer mallas, pero no cualquier malla: quería que fueran cómodas, lindas, elegantes, femeninas, etc., pero para las mujeres que no quieren mostrar la panza y que no se sienten bien con las mallas clásicas. O sea, diseñar algo que le diera libertad y comodidad a las mujeres. Y nos pusimos a buscar.

-Jimena, ¿por qué ponerte a fabricar?
-Bueno, en realidad yo siempre había querido ponerme a fabricar, hacer algún emprendimiento. Pero la verdad es que no sabía bien qué hacer. Yo buscaba el traje de baño ideal para mí, y después de mucho buscarlo y no encontrarlo, ahí entonces le dije Naty que la hiciéramos nosotras. Y encontramos a una mujer que sabe un montón y tiene un taller, Claudia, y arrancamos con ella… Y mandamos a hacer la muestra. Todo eso llevó tres o cuatro meses y finalmente a fines de noviembre tuvimos la versión final de la malla Cyru, ya con todas las correcciones.

-Uno ve la malla y pareciera que hay una observación del mercado, de lo que no hay, un desarrollo… Pero ustedes lo cuentan como algo que nació casi espontáneamente.
Jimena:
Nosotras no tuvimos reuniones de preproducción para pensar en sacar al mercado una malla novedosa. No planeamos. Surgió la idea concreta y buscamos el producto. Fue de manera espontánea: no nos reunimos con nadie de marketing que nos recomendara ir por algún lado. Nosotras quisimos hacer una malla cómoda para nosotras. En principio fue así. Y luego, una vez que la hicimos, nos dimos cuenta de que esta malla podía ser y, sobre todo, tenía que ser para todas.

-Claro, porque además de pensar en un modelo que sea cómodo para distintos cuerpos, fabrican en un espectro amplio de talles.
Jimena:
De eso sí nos dimos cuenta después. Es la primera vez que yo fabrico algo y cuando empecé a ver mallas, me di cuenta de que no había variedad de talles, que eran todos muy chicos. Una vez decidido que nuestra malla buscaba ser “para todas”, decidimos entonces fabricarla en talles del 0 al 5, es decir, desde un S hasta un tamaño que le queda a una mujer de 100 kilos y más.

-¿Con qué dificultades se encontraron  mientras iban desarrollando el producto?
Naty:
La verdad es que no tantas. Fuimos de a poco, aunque no parezca… Esto es todo experiencia y empezar a conocer el mercado. Lo mismo con las telas y estampados: primero  hicimos tres  talles y de encaje, porque nos parecía más liviana y más fresca; después hicimos la clásica de lycra en dos colores, y recién cuando vimos la repercusión y la demanda nos animamos a diversificar colores; y por último hicimos cuatro estampados.

-¿Cómo se reparten las tareas?
Jimena:
por suerte, somos tan  distintas que resulta fácil. Naty es muy pilas y tiene muchísima energía, además de que es buena para los números y para la venta. Se ocupa de eso y me sirve a mí de límite, porque soy pésima y no me gusta manejar la plata. Me da incomodidad y quiero regalar todas las mallas, pero ella no me deja. Y es una empresa familiar: porque mi marido también nos ayuda, hace las fotos y nos ayuda con los mails y las ventas onlines.
Naty: Y Jime es genial para la difusión, que es fundamental. Ella postea, cuenta, difunde… Eso es algo básico para que una marca funcione y con ella, porque es conocida pero porque también lo hace bien y le pone mucha onda, es más fácil. Igual, algo funciona cuando el producto es bueno. ¡También nos ayudan las suegras de las dos! Es todo muy buena onda…

-¿Qué aprendieron en estos meses?
Jimena:
Uy, un montón de cosas. En estos meses aprendimos todos los días: a dialogar, a no ponernos ansiosas ni nerviosas, a manejar la relación con las clientas y la ansiedad de ellas también. Es un camino de mucho aprendizaje, cotidiano y en un montón de áreas. Y a confiar, obviamente. Hoy y firmamos la sociedad y tenemos una empresa.

-¿Y hacia dónde proyectan?
Naty:
Proyectos seguir buscando productos que las hagan sentir cómodas a las mujeres, porque nos dimos cuenta de que esto las hace sentir libres. Hay muchas mujeres que nos agradecen haber hecho este producto.
Jimena: Una mujer nos mandó un mail contándonos que hacía tres años que no iba a la playa y otra que después de mucho tiempo pudo por fin mirarse al espejo en traje de baño y sentirse linda. O Mujeres que tienen cicatrices en la panza, o que recién parieron. La verdad es que nos encanta lo que está pasando.

-¿Cuán importante es la parte “emotiva” del proyecto? ¿Qué además de que funcione en lo económico estén haciendo un producto que de alguna manera les modifica la vida a muchas mujeres?
Naty:
Es fundamental. Este proyecto nos llena de satisfacción por eso también: recibir los mails y mensajes de tantas mujeres súper felices agradeciendo que nuestras mallas, porque realmente les cambiamos la vida. Eso es impagable, como emprendedoras y como mujeres. ¡Estamos muy comprometidas con este proyecto!

 

Texto: Ana Césari.