Sonia Braga: “Doña Flor fue una declaración sobre la libertad sexual de la mujer”

Publicada el día: 3 julio, 2017

La actriz brasileña más conocida de todos los tiempos estuvo en Buenos Aires. A los 66 años, instalada en Nueva York desde hace 20. Habla de cine, de política, de su carrera, de su amor con Robert Redford y de cómo fue trabajar con Marcello Mastroianni y Clint Eastwood.



 

 

La relación de Sonia Braga con la Argentina es de larga data, pero desde hace muchos años que no venía a la Argentina. Y mucho menos con el protagonismo de estos días en los que la ciudad se empapeló con su foto porque es la madrina de un nuevo festival internacional de cine que reúne el mejor cine de los países del sur del mundo. “Para mí es un enorme honor que me hayan elegido para esto, porque amo el sur, porque soy del sur, porque amo nuestro cine y nuestra cultura”, dice la actriz que a los 66 años sigue siendo una estrella del cine, sobre todo después del éxito mundial de su última película, Aquarius, que marcó su regreso y con la que recibió una decena de premios en todo el mundo y una tremenda ovación en Cannes.

Sonia nació el 8 de julio de 1950 en Maringá, en el Estado de Paraná, y empezó su carrera como actriz cuando tenía apenas 14 años en la televisión. A los 17 debutó en teatro y a los 19 en cine con “Bandido da luz vermelha”. Mientras protagonizaba la época dorada de la telenovela brasileña, en los 80, llegó la oportunidad de actuar junto a Marcello Mastroianni  dirigida por Bruno Barreto en Gabriela, Cravo y Canela, una adaptación del escritor Jorge Amado y luego el primer gran éxito internacional con ‘Doña flor y sus dos maridos’, también de Barreto y sobre una obra de Amado. En 1985,con Raúl Juliá y William Hurt participó en El beso de la mujer araña y recibió su primera nominación a los premios Globo de Oro, que repetiría en 1989 por Presidente por accidenteEstación ardiente. En 1988 fue dirigida por Robert Redford en Un lugar llamado Milagro y en 1990 acompañó a Clint Eastwood, Charlie Sheen y otra vez  Juliá. En 1996 regresó al cine brasileño con Tieta de Agreste, otro personaje de Jorge Amado, de la que también fue productora. Tras este trabajo volvió a Estados Unidos, donde trabajó en distintas series como Sexo en Nueva York, La ley y el orden, CSI y Miami. En la actualidad vive a entre New York y Río de Janeiro. En 2014 recibió el Premio Platino de Honor del Cine Iberoamericano en reconocimiento a su trayectoria profesional.

-Doña Flor y sus dos maridos marcó un momento muy importante tanto para los hombres como para las mujeres.
-Hay algo muy lindo que viene de Jorge Amado, autor de la novela en la que se basó el film y es que uno y el otro se pueden poner en el lugar del sentimiento de la mujer. La libertad sexual, la libertad de una mujer de tener el sueño y la fantasía que quiere.

-¿Y para vos?
-Lo de la fantasía funciona muy bien en la novela de Amado. Pero, para mí, uno por vez, porque un hombre es mucho. Aprovechamos bien uno y después cambiamos. Uno, después otro, después otro… Y ahora, nada…

-Tuviste una infancia dura en San Pablo, la muerte de su padre cuando tenía ocho años, la vida difícil para su madre, con siete hijos, el negocio familiar en una panadería y la dificultad de una sociedad que no entendía a tu hermano gay.
-Sí, mi madre era costurera y no fue fácil. Con mi hermano pasó algo: era muy lindo, artísticamente era una persona increíble y, entonces, empezó a hacer contactos con los artistas brasileños de teatro, con el mundo de la moda y luego empezó a hacer televisión. Y en el canal necesitaban una chica para vestirse de princesa y él me recomendó. Me llamaron, yo fui y así empezó todo. Después, una cosa y otra y otra. Pero jamás lo pensé: empezaron a suceder las cosas. Si no fuera por mi hermano, ¿quién sabe?

-Tu madre hizo el vestuario de El beso de la mujer araña.
-Sí, Patricio Bisso era el vestuarista, pero mi madre hizo casi todo el resto de los vestidos.

-Esa película fue la llave para entrar al mundo de Hollywood.
-Sí, claro. Esa película fue tan importante…

-¿Cómo fue trabajar con Marcello Mastroianni?
-Jamás fui de pensar que un actor es una persona especial. Nunca me pasó de tener distancia por admiración con los actores. No pasó eso con Marcello. Él además era muy divertido, porque era una persona que tenía historias para contar pero desde un punto de vista más relajado.

-¿Y con Clint Eastwood?
-El me dirigió en El principiante. Es divino. Como director es inteligentísimo y es súper sensible. También en el set es muy democrático. Hace años que trabaja con el mismo equipo. Jamás sale del set. Y también cuenta historias divinas.

-¿Y con Robert Redford?
-Me pareció un hombre muy interesante y seductor. Fue muy lindo porque me enseñó muchas cosas. Por ejemplo, yo no sabía cómo caminar por la montaña. A él le gusta mucho la naturaleza.

-¿Cuál fue el director que más huella dejó?
-Entonces vamos a hablar de Kleber Mendonça Filho, el director de Aquarius. Pasaron cincuenta años de mi vida de repente. Hacía veinte años que no trabajaba en Brasil, además, porque había tenido un problema por derechos de imagen con un canal de televisión.

-¿Estás enojada con Brasil?
-¿Con Brasil? Jamás. Mira, es el pueblo más increíble del mundo. Es un país increíble, pero el gobierno de ahora.. No es que no hay libertad de prensa, pero hay tanto control… Por suerte tenemos la Internet, nos comunicamos, nos informamos. La prensa internacional ayuda mucho. ¿Es posible que cuando terminemos esta entrevista no esté más ese hombre? Mi corazón está con el pueblo brasileño. Espero también que toda la corrupción se acabe un día porque no es posible, ¿cómo puede eso suceder? Estamos en el siglo XXI.

-¿Te queda pendiente el teatro?
-No, yo soy una actriz de cine y de televisión. El teatro no ha sido lo mío y no lo siento como algo pendiente.

-¿Cómo se llega a los 66 así?
-(Se ríe) Hay que ser brasileña… Me cuido, pero sobre todo por la salud. Desde hace ya más de un año hago una dieta vegetariana, de verduras crudas casi siempre, y tomo limón con agua tibia todas las mañanas. También mi café, claro. Se llega siendo una persona feliz y alegre, con amor, con mucho amor por lo que uno hace y por las otras personas.