Jericoacoara, la recompensa al final del camino

Publicada el día: 3 septiembre, 2017

Después de Fortaleza, un poco más allá y únicamente luego de un viaje a través de la playa, un lugar idílico del que nadie quiere volver. Pequeño pueblo pesquero brasileño, meca del windsurf y kitesurf, te contamos por qué lo comparan con el paraíso.



 

No hay forma de llegar hasta Jericoacoara sin dejar todo lo que implica la vida posmoderna de lado. A 300 kilómetros al oeste de Fortaleza, en el estado brasileño de Ceará, solo se accede a través de una aventura, un viaje a través de hermosas playas y dunas. Al final, la recompensa: el agua turquesa, la arena blanca, lagos azules, grandes rocas sobre el mar, y un pueblo pesquero en donde ya no importa ni la hora ni el tiempo, un lugar alejado del ruido de la ciudad, del tráfico, de las luces y de la rutina. Meca del windsurf y kitesurf, todo lo que se necesita para pasarla bien es estar presente, relajarse, y disfrutar.

De calles pavimentadas con arena, con playas eternas y agua cálida y transparente, Jericoacoara fue, hasta hace 20 años, un pueblo simple y aislado de Brasil: no había carreteras, ni electricidad, ni teléfonos, ni televisores, ni diarios, y la plata rara vez se usaba. Desde 1984, el área alrededor de Jericoacoara, o Jeri como se la llama usualmente, fue declarada Área de Protección Ambiental (APA). Ese mismo año, además, la revista Washington Post la catalogó como una de las 10 playas más hermosas del mundo, y a partir de ese momento el pequeño pueblo de pescadores empezó a crecer lentamente. El auge llegó luego de que en 2002 la zona se convirtiera en Parque Nacional. Y si bien el cambio generó restricciones de construcción y controles de turismo, lo que ayuda a preservar la zona, llegó la electricidad, el agua caliente, el aire acondicionado y el turismo masivo.

QUÉ HACER

  • Recorré el lugar. Caminar por el pequeño pueblo o sondear las dunas en buggie es un plan simple pero obligado: los paisajes y la paz que ofrece el lugar valen la pena.
  • Contemplá el atardecer desde la duna. Uno de los rituales diarios más populares en Jeri es ver el sol hacer su ascenso y descenso desde la cima de “Sunset Dune”, ubicado al oeste del pueblo,
  • Visitá la Iglesia. Vale la pena hacer una visita a la pequeña y pintoresca iglesia de piedra del pueblo, construida por los mismos lugareños. Además, su torre ofrece una espléndida vista de la bahía.
  • Disfrutá del arte de la Capoeira. Todos los días, después de la puesta del sol, se puede ver a los capoeristas practicar su arte en la base de la duna.
  • Un poco de lujo. Estar en Jeri no significa renunciar a todo. Desde un buen masaje hasta deliciosos tragos, desde restaurantes hasta lugares para bailar, la oferta es amplia y solo es cuestión de elegir.
  • La Pedra Furada. Al este de Jeri, un imperdible es la Roca Arqueada, símbolo del lugar. Se llega hasta allí caminando a lo largo de la línea de la costa. Llegar hasta allí lleva aproximadamente una hora y se pasa por acantilados, rocas y playas de ensueño. Si viajás a Jeri entre el 15 de junio y el 30 de julio, podrás ver el atardecer justo en medio del Arco.
  • Malhada Beach. Al Este también, es una pequeña playa muy popular entre los surfistas y windsurfistas,
  • El faro. Se encuentra en la cima de la Serrote, a unos 100 metros de altura, y ofrece una vista espectacular. Se puede llegar hasta allí en una excusión a caballo y es un lugar perfecto para ver el amanecer o el atardecer.
  • Mangue Seco. Es una villa de pescadores que se encuentra a unos 5 kilómetros de Jeri y que alberga un pequeño lago de agua dulce. El bosque que se atraviesa para llegar es digno de un cuadro surrealista: está lleno de árboles de mangle muertos desde hace mucho tiempo.
  • Guriu. Otra pequeña comunidad de pescadores, situada junto a la desembocadura de un pequeño río. Esto marca el límite occidental del Área de Protección Ambiental. Cruzando el río es posible visitar los manglares y ver, en el agua, caballitos de mar.
  • Tatajuba. Es un pueblo ubicado a aproximadamente a 25 kilómetros de Jericoacoara, accesible en buggy o en 4×4 luego de atravesar el río y varias dunas. Algunas de estas dunas pueden pasar por un proceso de cristalización, y revelan a veces pequeñas esculturas de arena.
  • Laguna Azul y Laguna Paraíso. Después de un paseo de 45 minutos en buggie o un poco más a pie, una playa de arena blanca con dos restaurantes para disfrutar del pescado y varias hamacas para entregarse al relax.
  • Deportes. Jericoacoara es un lugar perfecto para los amantes del windsurf y el mejor lugar de Brasil para practicarlo. También es ideal para el kitesurf ya que ofrece mucho espacio y agua más plana, y el sandboard, por sus playas y sus dunas.


DATOS ÚTILES

Cómo llegar. Si el objetivo es llegar hasta Jeri, Fortaleza es la puerta de entrada. Se trata de la ciudad más grande del norte/nordeste de Brasil con una población de alrededor de dos millones de personas. Hasta allí se llega a través de vuelos internacionales o nacionales. Desde allí hasta Jericoacoara, en colectivo, auto o helicóptero. Se puede incluso contratar un tour. El último tramo de viaje es el más interesante: se debe hacer con vehículos de porte que puedan transitar caminos de tierra rugosa y arena. Y si corren con suerte, se pueden ver a los pescadores salir al mar en sus barcos tradicionales de Jangada.

Donde parar. Consecuencia de las restricciones de construcción y las leyes de protección ambiental, Jeri fue creciendo de a poco. Los dueños de negocios, que cumplen y desean igualar la belleza y la simplicidad del pueblo, construyeron pequeñas y acogedoras posadas, que ofrecen encanto y calidez más que inmensidad o extravagancia.

El clima. La temperatura promedio está entre los 29 y los 35 grados. La temporada de lluvias es de febrero a mayo.