Ana Rosenfeld, el terror de los maridos: “Cuando se termina el amor, sólo queda la plata”

Publicada el día: 27 noviembre, 2017

Desde hace 44 años se dedica a litigios de separaciones y se hizo famosa por defender a mujeres famosas como Pampita y Wanda Nara, pero ha divorciado a miles en el país. Dice que la ley argentina no es machista pero los jueces sí.



 

Se recibió de abogada cuando ni siquiera existía la Ley de Divorcio en la Argentina y, después de algunos años de hacer un poco de todo, terminó por especializarse en el Derecho de Familia. Desde entonces, fue construyéndose un lugar de reconocimiento entre las defensoras de mujeres en separaciones. Algunos de sus casos más emblemáticos fueron el de la separación de Carolina “Pampita” Ardohain –de Martín Barrantes- y de Wanda Nara –de Maxi López-. “Siempre me sentí identificada con la defensa de los más débiles. Y en los tribunales es la mujer la que lleva las de perder: tiene que probar el doble para obtener la mitad. Claro que hay excepciones, pero ésta es la regla. Lo mío no es una cuestión de feminismo, sino de justicia”, dice Ana Rosenfeld en su estudio del centro porteño, plagado de fotos con famosos, notas de revistas y muchas mujeres –si no todas- trabajando.

-¿La infidelidad es “el” tema en los divorcios?
-No. Lo que pasa es que en los casos mediáticos la infidelidad es lo que más llama la atención. A mí los famosos me dan el micrófono para contar cosas que le pasan a la gente común. Y ahí, si bien la infidelidad es habitual y aparece, el mayor problema es que los hombres se separan y no cumplen con sus obligaciones o hacen todo para evitarlo. Tribunales está lleno de reclamos de mujeres. Y de parte de los hombres, hay reclamos para que las mujeres cumplan con las visitas.

-Cuando se termina el amor, ¿solo queda la plata?
Tal cual. Cuando se termina el amor solo queda la plata. Y los hijos, que son los que cargan con la mayor mochila: la de no tomar partido y la de no quedar como rehenes. He escuchado cosas terribles, como chicos que se ponen del lado del padre para que no le haga “tanto daño” a la madre. Cantidad de padres con una gran vida y madres que cuentan monedas.

-¿Va más allá de las clases sociales?
Lo mismo me cuesta dividir un kiosco y una casa hecha ladrillo a ladrillo, que cuotas excelsas y cuentas bancarias muy prósperas. No importa el tamaño de la economía en juego. Las peleas son muy parecidas.

-¿La ley argentina es machista?
-La ley argentina no ha cambiado. Porque más allá de que haya cambiado el Código, la mentalidad sigue siendo machista. Y entonces, pongas la ley que pongas, depende quién la ejecuta y quién la aplica. Entonces, no es que la ley sea machista, es que el juez que tiene que interpretarla es machista. Y esto pasa en caso de jueces varones y mujeres, que parten de la base de no creerles a la mujer. Lo que termina pasando es que el hombre se queda haciendo la plancha y la mujer tiene que demostrar cosas tan básicas como que la casa y el auto que tiene desde hace 20 años es de ellos y no de una sociedad a nombre de un primo de él. Esto pasa.

-¿Aun con hijos de por medio?
-Sí, porque los hombres saben que la madre va a hacer lo que sea necesario para darles a sus hijos lo que les haga falta. Entonces, cuando se separan, están tranquilos de que los cuida la madre y aparecen cuando quieren, y que la madre se va a privar ella de cosas pero a los hijos no les va a faltar nada. Y los jueces les dan la razón. Por ejemplo: una mujer con dos hijos dice y justifica que necesita 20 mil pesos por mes para vivir. El tipo hace una contraoferta como si fuera un mercado persa de 5 mil y el juez dice “bueno, dele 7 mil”. Y dicta una sentencia después de dos años con 7 mil y sin actualización monetaria por inflación. Así es la justicia de Argentina. ¿Qué es eso? ¿Eso es la justicia?

-¿Hay muchas maniobras para ocultar bienes?
-Sí, muchas. Pero como yo siempre digo: no existe el crimen perfecto. Hay que trabajar mucho yq tener el ojo avezado para detectar eso, pero aparece. Una se vuelve un poco detective. Por ejemplo ahora tengo una caso de un hombre que es dueño de una empresa con gastos exorbitantes, que cuando se separa lo ponen  como empleado de la empresa con un sueldo de 18 mil pesos. Y cuando le pregunto por los gastos de su tarjeta me dice: “Papá, papá”: Ese tipo de cosas pasan mucho.

-¿Estás de acuerdo con los contratos prenupciales?
-Están bien para quienes quieren preservar lo que tenían antes de casarse, pero encierran una trampa: no dicen ni más ni menos de lo que decía antes la ley, que lo previo a casarse es de cada uno, con la diferencia de que está plasmado ante escribano público y entonces después no hay que demostrarlo. En lo único que difiere es en la ganancialidad de los bienes propios. Pero no estoy muy de acuerdo.

-Hace 44 años que te dedicás a esto, ¿ha cambiado?
-No, los casos son calcados desde entonces. Siempre es la misma pelea, la misma disputa. Sea gente con dinero o no, de todos los niveles económicos. Lo único que cambió es el divorcio que es más rápido, pero nada más. Y hoy hay muchas más herramientas para descubrir las estrategias que usan.

-Escribiste un libro que se llama “El terror de los maridos”: ¿Te temen mucho?
-Yo quiero que me respeten, no que me tengan miedo. Me ha pasado de que cuando los llamo o me siento enfrente, me dicen: “Ah si mi ex mujer la contrató a usted es porque quiere guerra”. Y no. No es así: quieren lo que les corresponde. EL que tienen miedo es el que sabe que hizo todas macanas, el que hizo todo mal, el que oculta, y saben que yo lo voy a encontrar. Porque tengo la experiencia.

-¿Hay un prejuicio sobre las mujeres que pelean por la plata?
-Sí, hay un preconcepto de que todo es del hombre y la mujer se lo quiere sacar. Y no es así. Y además solo les corresponde el 50%. Ese es el matrimonio. Así que nadie le saca nada a nadie. El problema mayor se plantea con las concubinas, que no tienen derecho a nada y están absolutamente desprotegidas. Hay que sacar urgente una ley para proteger a las concubinas.

-Tenés un 90 por ciento de mujeres pero también defendés a algunos hombres. ¿Por qué tomás esos casos?
-En general son temas de honor. No tuve muchos. Pero hay algunos casos que he tomado, como el de Ramón Ortega contra Chiche Gelblung por agravios, también a Flavio Mendoza cuando agreden su persona, Daddy Brieva por el uso de su imagen… Y también ahora a Juan Darthés por las denuncias de Calu Rivero. Porque es un tema muy delicado e indignante porque a nuestro entender se lo acusa infundadamente contra su dignidad: lo acusan de acoso con ribetes particulares, porque ella primero dice que sí pero después dice que no. Pero el nombre ya se ensució.

-¿Por qué son infundadas las denuncias?
-En todas estas escenas ellos están microfoneados, rodeados de otras personas. Ella no dice que haya pasado algo fuera del set ni en un camarín, dice que fue ahí mientras actuaban. Entonces es muy fácil de detectar o no si pasa algo. Yo creo que es una profesión especial en la que hay que besarse, abrasarse y que las actrices tienen que tener una preparación para eso, porque el límite entre que se tiene que ver explícito pero tiene que ser implícito… Así que estamos en juicio, porque queremos que se aclare.

 

Texto: Paula Bistagnino.