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20 de octubre, 2017

¡A ordenar! Tareas del hogar para cada etapa de los chicos

Flavia Tomaello, autora de “Rutinas felices”, cuenta cómo y cuándo enseñar a los chicos a colaborar en las cosas de la casa.

 

Las familias han cambiado y hoy, además de que las tareas se han democratizado ampliamente porque ya es escasa la figura única resolviendo todas las necesidades, se sabe que es importante instruir a los niños en los aprendizajes del cuidado de la casa. Del mismo modo en que se valora el otorgar herramientas que fortalezcan la independencia de los hijos, es en el ámbito del hogar donde también hay muchos saberes por conocer y que, pudiéndolos hacer, se obtiene también un valor de supervivencia.
Cuando bebés, la mayoría se divierte haciendo “cosas de grandes” e imitan acciones como limpiar la mesa, ayudar con los platos, tirar los desechos a la basura o colaboran al hacer las camas. Ellos no tienen, en esa edad, noción de que se trata de una a tarea, sino que es parte del juego cotidiano, de hacer “como que soy mamá”. A medida que crecen, las cosas se van poniendo más difíciles y muchos adultos colocan a sus hijos en un pedestal si logran ordenar su cuarto.
Más allá de que se pueda o se quiera -en ocasiones en casa hay personal que ayuda-, la labor de los papás siempre es la de formar personas que puedan desenvolverse por sí solas. Por ello es que crear rutinas de autonomía aprendiendo las tareas necesarias para llevar la casa adelante les permitirá interiorizarse de los quehaceres diarios, temas que les servirán para desarrollarse sólidamente, confiando en que pueden sostenerse sin ayuda de terceros.
Como en cualquier trabajo de rutinas, las mismas serán determinadas por la familia y estarán de acuerdo a sus hábitos. A la vez, los padres elegirán qué actividades querrán delegar en sus hijos y para ello tendrán en cuenta sus edades y habilidades. Más allá de que será bueno que atraviesen aprendizajes en varios frentes, será adecuado comenzar por aquellas que les resulten más afines, de modo que se sientan cómodos y las resuelvan con soltura.
Para cualquier actividad que se elija, al comienzo necesariamente se requerirá acompañamiento físico y verbal durante un tiempo. La presencia paterna irá disminuyendo paso a paso en la medida en que el pequeño le tome la mano a la tarea. Nunca se debe dejar de elogiar los logros que se vayan consiguiendo. Aún cuando el niño no logre nada en un comienzo, es preciso felicitar por la actitud y la predisposición, por lo valioso que resulta contar con su colaboración. A la par se irán perfeccionando para corregir los traspiés.
Desde que son muy pequeños se les puede empezar a pedir pequeñas cosas que se repitan a diario.

A los 2 años
Reunir la ropa sucia en el sitio adecuado.
Llevar un pañal sucio a la basura.
Ordenar sus juguetes.

A los 3 años
Separar la ropa por colores.
Regar una planta.
Darle comida a una mascota.
Limpiar cuando algo se le cae al piso.
Llevar y traer su plato de la mesa.
Cargar algún pequeño bulto acorde a su tamaño.
Arrojar desechos a la basura.

A los 4 años
Poner platos, tenedores y servilletas sobre la mesa.
Doblar objetos regulares.
Colaborar para hacer su cama.
Recoger toallas mojadas del piso.
Ayudar a preparar la comida haciendo algunas tareas fáciles como formar albóndigas, pelar huevos cocidos, revolver mezclas.

A partir de los 6
Ya pueden concretar por sí solos rutinas que antes debían estar supervisadas por los adultos, como ayudar con los hermanos más pequeños, cuidar una mascota o regar las plantas. Para cuando comiencen a bañarse solos, también es factible pedirles que ordenen el baño luego de hacerlo, reuniendo la ropa sucia en el sitio para ella destinado, que se hagan la cama y que colaboren en la preparación de algunas comidas sencillas.

Pasados los 12
Pueden sumarse integralmente a las rutinas de la casa cambiando las sábanas de su cama, pasando la aspiradora, hacer compras, lavar platos o hacer alguna comida sencilla para toda la familia. Para nada el objetivo es que terminen trabajando como un ama de casa, pero será importante que aprendan a hacer cada tarea por su propio desarrollo y también para que, llevándolas a cabo, comprendan su complejidad y esfuerzo, así valorarán a cualquier otra persona que las haga en su lugar. Es buen ejemplo a imponer el concepto de que si a ellos les pesa, a otro también.