Julieta subió la apuesta en su carrera. Se animó a cantar y bailar “profesionalmente” (como ella aclara) para interpretar a Morticia en Los Locos Adams, el musical de Broadway que protagoniza con Gabriel Goity y que figura entre las obras más exitosas de la cartelera porteña.
En cine acaba de estrenar Corazón de león, una comedia de Marcos Carnevale. Allí interpreta a una mujer que se enamora de un hombre enano (Guillermo Francella) y debe enfrentar los prejuicios de la sociedad y su propio entorno.
A pesar de las corridas nos invita a charlar en su departamento de Recoleta, donde vive con su marido, Brent Federighi . Nos espera con un desayuno bien proteico: tés saborizados, galletas de avena y miel y un licuado de frutas con espirulina. “No tiene el mejor sabor el jugo pero es muy bueno y más para las defensas”, aclara mientras pone la mesa en la cocina.
–En teatro cantás, bailás y a veces tenés dos funciones por día. Debe ser una gran presión realizar un proyecto de tanta envergadura…
–La verdad que sí. Nunca había cantando profesionalmente en ningún lugar, y menos en un teatro tan grande. Estudiaba canto hace mucho, pero de ahí a hacerlo en una sala tan grande como el Opera, hay un trecho. Pero ensayamos muchísimo antes del estreno, diez horas de lunes a sábado durante dos meses; vino un equipo de Estados Unidos a entrenarnos y creo que sacaron lo mejor de nosotros. Llegamos al estreno con todo lo que podíamos dar. Cuando me llamaron para la audición tenía mucho miedo. Le pregunté a mi profesora de canto si ella creía que podía hacerlo y me dijo que sí. Después, nos reunimos con el director musical de la obra, nos dio una par de directivas muy claras para trabajar y pasé la prueba.
–¿Es el mayor desafío de tu carrera?
–Sí, no quiero minimizar todo lo que hice antes, pero creo que para este espectáculo tuve que prepararme mucho. Porque cuando empezaron a montar las coreografías, me di cuenta de que no solo tenía que cantar sino que además, ¡bailar! Tenía algo de manejo del cuerpo y la danza porque bailaba flamenco, pero esto es otra cosa.
–¿Cómo te cuidás diariamente para dar lo mejor de vos en el escenario?
–Fui aprendiendo. Tenía un poco de conciencia de cómo cuidarme la voz. Antes de arrancar me hice un examen para saber cómo estaban las cuerdas vocales. Si voy a un restaurante, trato de no hablar fuerte, dormir bien, entre seis y ocho horas. Tomar mucha agua, caramelos de miel y propóleo. Como poco al mediodía así estoy liviana en el escenario. Todas las mañanas, antes de desayunar, caliento la voz y voy tres horas antes de la función a elongar y volver a entrenar la voz. También voy a un osteópata y a la noche me doy calor en las rodillas porque te vas a reír mucho (aclara) había empezado a tomar clases de manejo y de los nervios de darle al embriague me dolía la rodilla.
Sin miedos
En Corazón de León Julieta interpreta a una abogada exitosa y divorciada que conoce al hombre que podría ser perfecto para ella, salvo por un detalle: él (Guillermo Francella) mide un metro treinta. Sin duda una historia distinta que necesita de un gran desafío técnico (por los efectos) y que Julieta no dudó ni un segundo en aceptar. “Trabajé mucho con Marcos Carnevale y me contó que estaba con un proyecto de cine junto a Guillermo Francella. Cuando me propuso ser la protagonista no dudé -cuenta entusiasmada-. Me gusta como se armó el año, con dos cosas muy diferentes. Es una película grande, comercial”.
–En ambos trabajos está presente el tema de los prejuicios. En Los Locos Adams el hecho de ser una familia diferente, no muy normal, y en la película las diferencias físicas. ¿Vos sos prejuiciosa?
–Creo que apenas uno conoce a alguien hay un mecanismo de defensa que se activa. Los seres humanos necesitamos encasillar al otro: ‘este es bohemio‘, ‘este es más cerrado‘, por ejemplo. Creo que también lo somos con nosotros mismos. ¿Qué me define? ¿Cómo tengo que ser? ¿Quién soy? Creo que al vivir en una ciudad donde todo es ya, etiquetamos enseguida al otro. Trato de no darle bola a eso, más bien trato siempre de conectarme con el ser humano como es. Si bien no soy católica practicante, creo que Dios está en todas las personas. Es un trabajo de todos los días, no es fácil.
–Tu marido es norteamericano. ¿Cuando te enamoraste no tuviste el prejuicio de decir ‘yo con este no me engancho porque no es de acá y se puede ir en cualquier momento’?
–Suena medio Susanita lo que voy a decir, pero me encantó apenas lo vi. Apenas nos presentaron su energía me envolvió. En ese momento yo estaba saliendo con alguien, no era una relación formal, pero no me daba para ir a tomar un café con Brent. Pero mirá cómo son las cosas, la otra persona desapareció y si bien en ese momento me enojé mucho, después me di cuenta de que el universo estaba haciendo espacio para que me encontrara con mi marido. Tomamos muuuuuchos caféssssss (enfatiza) y nos hicimos muy amigos. Creo que no sentí ese miedo que se quiera ir porque estaba instalado hace muchos años en Buenos Aires. El trabaja en Bienes Raíces y de hecho ya había comprado este departamento donde vivimos. Tenía su residencia argentina. Quizás por eso no me cuestioné tanto.
Cosas de familia
Julieta heredó la pasión por la actuación de su papá, el actor Ricardo Díaz Mourelle. Su mamá, María, es astróloga. “Mis viejos son muy bohemios –confiesa– y hace mucho tiempo que están divorciados. Quizás por eso yo no soñaba mucho con la boda tradicional”. Sin embargo cuando Brent le propuso casamiento, aceptó. Se puso un romántico vestido blanco, hicieron una fiesta y vinieron los amigos y familiares desde los Estados Unidos.
–¿El casamiento los cambió en algo?
–Estamos juntos hace cinco años, así que la sensación de firmar no me cambió para nada. Yo no fantaseaba con casarme y tener hijitos, sí sabía que iba a encontrar un compañero. Pero él quiso hacer un compromiso conmigo que me cambió. Me di cuenta de que soy más formal y tradicional de lo que pensaba, aunque me cueste aceptarlo, soy más clásica de lo que creía.
–¿Notan que tienen choques culturales?
–A veces sí. El es muy open mind, nació en San Francisco, así que viene con una cabeza muy amplia pero las crianzas son muy distintas. El fue criado de una manera más tradicional, sus padres están casados hace 50 años, su hermano tiene cuatro hijos. Mis padres son más bohemios, están divorciados.
–Y ahora que están casados ¿te da miedo que alguna vez te cuestione vivir en Estados Unidos?
–A veces lo pienso. Puede suceder. Para mi profesión, obvio, no es lo ideal. Creo que no debe ser fácil mover una profesión de país. Hasta preferiría trabajar de otra cosa porque no podría arrancar de cero en lo mío, no porque se me caigan los anillos sino porque después de haber recorrido un largo camino debe ser muy doloroso. Cada tanto se lo pregunto.
–Y la respuesta es…
–Que por ahora no lo piensa. Pero yo sé que no es fácil vivir lejos de tu país y de tus afectos más cercanos, aunque ellos, culturalmente, no son tan pegotes como nosotros. Pero a pesar de que nosotros tenemos muchos amigos, nunca lo vi reírse al gringo (así le dice a veces a su marido) como cuando está con sus amigos de toda la vida.
–Además él no es del ambiente y eso suele ser un problema. ¿Te reclama que pases tiempo fuera de casa?
–No, a veces se cansa un poco con el tema de los horarios a trasmano que tenemos. Es canceriano y, por ende, muy casero. Yo trato de mimarlo, el día que no tengo teatro le cocino para toda la semana, ayer hice una olla gigante con guiso de lentejas. Las pongo en un tupper en el frezeer y por lo menos cuando llega tiene comida hecha por mí. Pero me re banca. Cuando me llamaron para decirme que me habían dado el papel de Morticia se le llenaron los ojos de lágrimas.
–Y al darte cuenta de que sos más tradicional, ahora inevitablemente aparece el tema de la maternidad…
–Es un tema que hablamos mucho. Es un proceso muy interno de la pareja. Tiene que ver más con la edad, con cuál es el momento más propicio. Si realmente lo deseamos o es más la presión de los demás de: ‘¿y cuando van a tener un hijito?’. Alicia Zanca me dijo una vez que tener un hijo es, en parte, un acto inconsciente. Y creo que tiene razón. Tiene que ver en cómo te ves en el futuro. No en la vejez ,sino en lo que construís a tu alrededor.
La elección de Julieta
Un libro: “Romances turbulentos de la historia argentina y El Ahora”.
Una ciudad en el mundo: “Dos, Buenos Aires y San Francisco”.
Una actriz: “Jorgelina Aruzzi y Kate Winslet (¡entre miles!)”.
Un pasatiempo: “Twitter”.
Un defecto: “¡Tratar de ser menos culposa!”
Una virtud: “Tratar de no hablar de mis virtudes”.
Texto: Karina Bianco.
Fotos: Diego García.
Peinó: Karina para Estudio Lamensa
Maquilló: Costy Yabes para Make Up Studio / www.costyyabes.com.ar