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11 de diciembre, 2016

Gaby Sabatini, la vida después de la gloria

Este año se cumplen 20 desde que se retiró del tenis y aun hoy su popularidad como una de las mejores de la historia está intacta. A los 46 años lleva una vida de muy bajo perfil, pero muy activa. Vive entre Suiza, Miami y Buenos Aires, tiene una línea de perfumes, hacer deporte y colabora con escuelas de todo el país. Retrato de una leyenda.

Gaby Sabatini, la mejor tenista de la historia argentina. 1 de 7

 

A dos décadas exactas de haber dejado el tenis para siempre, no sólo de manera profesional sino también hasta para divertirse de vez en cuando sin presiones, y aunque eligió una vida de bajísimo perfil en el exterior, Gabriela Sabatini sigue siendo una celebridad: adonde quiera que vaya, sobre todo si es un estadio de tenis, una veintena de personas se le acerca en busca de su saludo o autógrafo. Con base en Suiza y el resto del tiempo dividido entre Miami y Buenos Aires, hoy Gaby, como todos la llaman –así, a secas, aun quienes no la han visto en su vida- lleva una vida tranquila de empresaria –con su línea de perfumes, que ya tiene 30 años- y disfruta de dos actividades: viajar, conocer el mundo que recorrió sin poder “ver de verdad” cuando era jugadora, y realizar tareas solidarias en la Argentina, sobre todo vinculadas con proyectos educativos y como madrina de la Fundación argentina contra el cáncer (FACEC). “Estoy disfrutando de viajar y de vivir, de hacer muchas cosas que cuando jugaba al tenis no podía”, dijo hace poco la mejor tenista de la historia argentina en una de las pocas entrevistas que da.

Gaby empezó a jugar al tenis cuando tenía apenas seis años. Y a los 8 ya jugaba torneos. A los 11 ya viajaba por el mundo para jugar y entonces fue que su padre, Osvaldo Sabatini, decidió dedicarse a acompañar a su hija. La promesa de su talento se cumplió: en 1990, Sabatini ganó el US Open en individuales, convirtiéndose en la única tenista argentina en lograrlo, y dos WTA Tour Championships en 1988 y 1994. También fue finalista de los torneos de Wimbledon 1991 y US Open 1988, el mismo año en que ganaría la medalla de plata en los Juegos Olímpicos. En dobles, su actuación más destacada fue el campeonato de Wimbledon 1988 logrado junto a Steffi Graf.

En 2006 fue incorporada al Salón de la Fama del Tenis Internacional. Ese es apenas un resumen de sus logros, que la llevaron a ser la número 3 del mundo, aunque muchos analistas y periodistas consideran que ella se merecía el puesto número 1. Muchas veces contó que la exigencia de que llegara a serlo y las críticas feroces de que no lo lograra, fueron una de las presiones más feas que sufrió, incluso más la de la vida sacrificada de ser una profesional en plena adolescencia: “Fue muy difícil para mí. Pero no sólo por ser chica, sino por mi personalidad: yo era muy introvertida; tanto que tuve problemas en la escuela, porque me metía para adentro y no hablaba”, ha dicho. “Hubiera estado bueno ser número uno, pero no se dio y no me quedó como algo pendiente. Hay cosas que son más para analizar en el psicólogo y hoy puedo entender por qué algunas cosas pueden no haberse dado. Ser número 1 hubiera sido un lugar de una exposición terrible y yo no quería más exposición”.

Fue por eso que en 1996, con apenas 26 años y cuando todavía tenía, dicen los especialistas, varios años más de carrera por delante, prefirió alejarse “para siempre” del tenis. Y cuando dice para siempre, es literal: salvo el partido que disputó en 2015 con Mónica Seles par recordar los 25 años de aquella gloriosa final de US OPEN, no volvió a tocar una raqueta de tenis. “Ni para divertirme”, asegura y no bromea. “El tenis me dio todo, pero el sacrifico fue enorme. No lo disfruté lo sufrí”, ha confesado más de una vez. Pero lo que no abandonó es el deporte: su rutina diaria consiste en hacer deporte todas las mañanas y eso es lo que la mantiene espléndida a los 46 años, con una increíble juventud y energía similar a la de sus años de profesional: corre, nada, va al gimnasio y anda en bicicleta. “Si mi día no empieza con actividad física, es un mal día. Lo necesito para sentirme bien”. Pero además, desde hace algunos años también estudia canto, algo que le gustó siempre. Empezó a estudiar con un profesor que le recomendó Valeria Lynch, que es amiga suya. “Me gustaba mucho, pero me di cuenta de que no quería otra vez una carrera que fuera pública y, si bien estuvo bueno estudiar, no quise llevarlo más lejos”.  

Empresaria, solidaria y viajera
La actividad más conocida de Gaby, además del tenis, es la de empresaria: desde hace 30 años tiene una marca de perfumes con su nombre, que es marca, y se venden en todo el mundo. Pero además, con menor promoción mediática, ella se dedica a tareas solidarias. “Es una cosa más privada, porque lo siento como una necesidad personal. Lo hago desde ese lado y por eso lo hago de la manera en la que lo hago. A mí siempre me interesó la educación y, además, creo que es importante. Así que sobre todo estoy enfocada en eso: ayudar a los chicos que tienen dificultades para seguir yendo a la escuela, sea porque no pueden comprar los útiles o porque no pueden llegar a la escuela por falta de transporte. Ese tipo de cosas, en distintos lugares del país. Porque aunque no viva en la Argentina, mi corazón esta acá y es donde quiero ayudar”, dice. A pesar de su tarea solidaria, dice que le gustaría conocer mucho más el país, que no lo ha recorrido tanto y que es un deseo pendiente. “Tengo una vida linda. La disfruto. Me encanta viajar por el mundo porque puedo conocer… Creo que viajar y conocer otras culturas es lo que más enriquece a una persona. Y además, en general no me reconocen a primera vista y fuera de contexto, digamos. Así que ando muy tranquila y me encanta poder perderme y ser una más”, dice, aunque lo cierto es que no va a ser nunca “una más”.